Editorial: Trump y el único límite que dice tener con el sistema internacional: su moral
Desde su llegada a la Casa Blanca, hace casi un año, el presidente Donald Trump ha tomado una serie de decisiones contrarias al funcionamiento de un sistema internacional basado en reglas y constituido, entre otros actores, por un conjunto de organizaciones multilaterales. Su impulso, animado por la consigna “Estados Unidos primero” y un ímpetu transaccional, ha tenido graves consecuencias para el mundo y su propio país.
Cada nuevo paso hacia su desvinculación del sistema debilita la capacidad de influencia global estadounidense y deja libre el camino para potencias rivales, en particular China. Además, en la medida en que normas e instituciones internacionales se debilitan, los países pequeños –como Costa Rica–, que tanto dependemos de ellas para nuestra proyección y defensa, nos tornamos más vulnerables a la influencia de los poderosos. Y también sufren los bienes públicos universales que ese ecosistema normativo e institucional está llamado a proteger.
Como parte de ese impulso, sobresalen el virtual desmantelamiento de su Agencia para el Desarrollo Internacional (AID, por sus siglas en inglés) y la decisión de abandonar tanto el Acuerdo de París sobre Cambio Climático como la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El pasado miércoles 7 de enero, la tendencia se convirtió en avalancha. En un memorando dirigido a los jefes de departamentos y agencias del Gobierno Federal, Trump los instruyó a “tomar pasos inmediatos” para retirar a su país de 31 organizaciones parte del sistema de las Naciones Unidas y 35 que no lo son, pero tienen carácter interestatal. La decisión implica cesar tanto la participación en ellas como los aportes presupuestarios.
Entre las primeras, están entidades de tanta relevancia como la Convención Marco sobre Cambio Climático, pieza clave para la cooperación ambiental, y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, liderada actualmente por la costarricense Rebeca Grynspan). También forman parte de la lista el Fondo de Población, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal, dirigida por José Manuel Salazar Xirinachs, otro costarricense), la Comisión de Derecho Internacional y el Centro Internacional de Comercio.
Las 35 fuera del ámbito de la ONU incluyen la Coalición para la Libertad en Línea (FOC, por sus siglas en inglés), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA Internacional). En las dos primeras nuestro país ha tenido tradicionalmente una intensa participación, y el secretario general de IDEA es el exvicepresidente Kevin Casas.
Para justificar el retiro de las 66 organizaciones, Trump solo argumentó que el apoyo o la participación en ellas es “contrario a los intereses de los Estados Unidos”, y agregó que el proceso de revisión continúa.
Su memorando fue publicado el mismo día en que, durante una amplia entrevista con el diario The New York Times, Trump desdeñó el derecho internacional de manera general y como posible control de sus acciones externas, incluido el uso discrecional de la fuerza. Cuando le preguntaron si había algún límite a sus poderes globales, respondió así: “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”.
El día previo, al ser interrogado por el periodista Jake Tapper, de la cadena televisiva CNN, Stephen Miller, poderoso asesor y subjefe del despacho presidencial, fundamentó el presunto derecho de Estados Unidos para apoderarse de Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, con estas palabras: “Vivimos en un mundo, en el mundo real, Jake, que se rige por la fuerza, que se rige a la fuerza, que se rige por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”.
Todo lo anterior ha ocurrido tras la deposición, el 3 de este mes, del dictador Nicolás Maduro, durante una intervención militar en Venezuela, a lo que nos referimos en nuestro editorial del 4 de enero, y el anuncio de que Estados Unidos “controlará” el país y el destino de su industria petrolera. Y la necesidad de una pronta transición democrática ha sido desdeñada.
Las actitudes prepotentes, el unilateralismo, la apuesta a un uso expandido de la fuerza, el desdén por el derecho internacional y el abandono creciente del sistema de normas e instituciones que lo sostienen, perjudican al mundo y a Estados Unidos.
Podrán generarle presuntas ganancias inmediatas, pero a mediano y largo plazo, debilitarán la integralidad de su poderío, abrirán camino a sus adversarios y vulnerarán a sus verdaderos aliados, entre los que estamos. Difícil entender, y menos aún justificar, por qué su gobierno ha emprendido tan peligrosa ruta.