Las protestas en Irán se contienen entre mensajes contradictorios sobre la intervención estadounidense
Mensajes contradictorios en torno a la posibilidad de una intervención militar estadounidense en Irán al cumplirse diecinueve días desde el inicio de las protestas antigubernamentales. Mientras la Casa Blanca sigue valorando la naturaleza de una operación contra el régimen de los mulás, el propio presidente estadounidense Donald Trump aseguraba a última hora del miércoles que las autoridades iraníes habían puesto fin a la violencia contra los manifestantes después de varios días sangrientos y cuando las protestas pierden lentamente intensidad.
Horas después de unas declaraciones de Trump que se han interpretado como una señal de distensión, desde Teherán un alto funcionario iraní -el enviado del régimen en Islamabad- revelaba haber recibido garantías del propio presidente estadounidense de que su país no será atacado, en una información revelada por el digital pakistaní Dawn y ampliamente recogida en los medios de comunicación regionales. El propio ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, desmentía también que su gobierno tenga intención de ejecutar a responsables o participantes en las manifestaciones.
Además, según la agencia AFP, un alto responsable del régimen saudí revelaba ayer que su país, Qatar y Omán han mediado en las últimas horas a fin de disuadir al inquilino de la Casa Blanca de llevar a cabo un ataque contra Irán por mor de “las graves repercusiones que ello tendría para la región”. “Hemos hecho intensos esfuerzos diplomáticos para convencer al presidente Trump de que dé a Irán una oportunidad de mostrar sus buenas intenciones”, declaraba el citado funcionario de la monarquía saudí en condición del anonimato. China, uno de los principales aliados del régimen de los ayatolás, y Turquía, gran potencia regional, pedían a las partes que apuesten por la diplomacia y eviten la escalada.
En otro indicio que apuntaría a una cierta distensión entre Washington y Teherán, las autoridades iraníes anunciaron en la mañana de ayer la reapertura de su espacio aéreo tras una suspensión de todos los vuelos que se había prolongado unas cinco horas, según datos recabados por la página web especializada FlightRadar24.
En la misma línea ha de interpretarse la información de que las autoridades estadounidenses rebajaban en la tarde de ayer el nivel de alerta en la base de Al Udeid, situada en Qatar -la mayor instalación militar estadounidense en toda la región-, después de la evacuación de parte de su personal militar. Al Udeid ya fue atacada por Irán en junio del año pasado en represalia por la ofensiva israelí y los bombardeos de estadounidenses contra tres de sus instalaciones nucleares.
Con todo, la tensión sigue siendo extrema en Irán y todo Oriente Medio. En el medio estatal Press TV, el comandante de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria, Mohammad Karami, aseguraba en la tarde de ayer que sus fuerzas se encuentran “preparadas en estado de máxima alerta”. El responsable militar iraní afirmó además que su país está afrontando “una guerra comprensiva e híbrida”. Las aerolíneas europeas seguían ayer evitando el espacio aéreo iraní, también el iraquí.
Asimismo, la Administración estadounidense anunciaba también ayer un paquete de sanciones contra varios funcionarios iraníes a los que responsabiliza de la represión en las protestas. Entre los sancionados se encuentra el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Alí Lariyani, puesto que Washington considera que “fue uno de los primeros líderes iraníes en instar a la violencia en respuesta a las legítimas demandas”. La Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro hizo pública ayer la sanción de varios comandantes de las fuerzas de seguridad de Irán de dos provincias. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, hizo pública además una fuga masiva de capitales desde Irán.
Mientras tanto, los ocho días de apagón seguían ayer haciendo difícil conocer la realidad sobre el terreno, aunque el despliegue masivo de las fuerzas de seguridad -y las consecuencias de varios días de violencia- han permitido al régimen lograr el control de la calle en las últimas horas. La ONG Iran Human Rights (IHRNGO) estima que más de 3.400 manifestantes han muerto en las protestas, mientras Human Rights Activists News Agency (HRANA) sitúa el recuento en los 2.571 fallecidos, incluyendo civiles y menores. El régimen reconoce más de 2.000 víctimas mortales.
A última hora del jueves, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se reunió ayer de urgencia para abordar la situación en Oriente Próximo. El portavoz del secretario general, Stéphane Dujarric, había insistido el miércoles en que la “suma preocupación” del organismo a la luz de las “imágenes que se han difundido de manifestantes asesinados por la violencia en las manifestaciones”.