La «falacia» de Franco y su deseo de ser masón
El Boletín Oficial del Estado (BOE) ha hecho pública la incoación del procedimiento para declarar como Lugar de Memoria Democrática el Templo Masónico de Santa Cruz de Tenerife , el primero en ser construido ex profeso en España, que albergó las reuniones de una logia hasta la Guerra Civil, y llevaba décadas en estado de abandono.
El 15 de septiembre de 1936, en el primer decreto contra la masonería dictado por el entonces general Franco, el inmueble fue requisado y cedido a la Falange.
Poco después, se convirtió en el almacén de la Farmacia Militar, actividad que se compaginó con una óptica para el Ejército, mientras que la parte superior se habilitó como acuartelamiento y en 1990 quedó cerrado hasta el año pasado. Los archivos de la logia fueron llevados a la Delegación de Servicios Especiales de Salamanca, actual Sección «Guerra Civil» del Archivo Histórico Nacional, donde continúan.
El enclave tinerfeño fue puesto en valor por el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, tras una rehabilitación que ha costado tres millones de euros financiados por el Gobierno de España.
Arquitectura simbólica
Torres aprovechó para reivindicar los valores de la masonería. Entre los argumentos de la cartera del ministro consta que en el templo se editaba un periódico en el que «se difundían valores de progreso», y mostraba su «apoyo a distintas causas sociales». Considerado uno de los ejemplos más singulares de la arquitectura simbólica en España, es ya un espacio visitable que acogerá además eventos culturales.
Presente en el mismo acto, el alcalde de Santa Cruz de Tenerife, José Manuel Bermúdez (CC), fue cuestionado por la permanencia en la isla del monumento obra de Juan de Ávalos –conocido como «monumento a Franco»–, inmerso en un proceso judicial para su declaración como BIC (Bien de Interés Cultural), catalogación que ya tiene el Templo Masónico. Bermúdez se limitó a «exigir» que se cumpla la ley canaria de memoria democrática, aprobada por unanimidad en el Parlamento insular. Y fue precisamente en unas Canarias cuajadas de militares masónicos donde Franco arrancó su camino hacia el mando único, «a las cinco y cuarto horas del día 18 de julio de 1936», con el «Manifiesto de Las Palmas».
Su hermano Ramón lo era, pero ¿qué hay de cierto en la afirmación de que Franco quiso ser masón? Según una investigación de 1977 a cargo del profesor José Antonio Ferrer, intentó por dos veces ingresar en la masonería, y en ambas ocasiones fue rechazado. La primera vez habría presentado su solicitud en la logia «Lukus», de Larache. La segunda fue ya en la República, también con un resultado negativo.
Según este testimonio que recoge el Archivo Linz de la Transición española (Fundación Juan March), la logia «Lukus» estaba formada por civiles y militares. «Y fueron estos últimos quienes no aceptaron la candidatura de Franco.
Según el testimonio del teniente coronel Morianes, los motivos alegados para no admitirle en la masonería fueron varios, aunque el principal de ellos se relacionaba con la aceptación por Franco del ascenso a teniente coronel, cuando se había comprometido, al igual que el resto de la guarnición de Marruecos, a no aceptar ascensos por méritos de guerra. Hubo otros motivos más, pero ninguno de ellos fue de índole estrictamente política».
La segunda intentona fue en 1932 y en Madrid. «También esta vez fueron los militares los que se opusieron a su ingreso (Núñez de Prado, Cabanellas, Pozas Perea, Julio Mangada, Pérez Farras y su propio hermano, el comandante Ramón Franco, entre otros). Este segundo rechazo también está avalado por la declaración jurada del teniente coronel Morlanes».
Según este relato, por los testimonios de algunos de sus compañeros de armas, «nació en Franco su obsesión antimasónica».
Los enemigos
La animadversión hacia las logias sí es un hecho que su propia familia certifica. Así, su nieto mayor, Francisco Franco Martínez-Bordiú, ha sido tajante: [[LINK:EXTERNO|||https://www.larazon.es/espana/francisco-franco-martinezbordiu-sanchez-cargado-clase-media-que-levanto-abuelo_20251120691e420639b3f1652bfa7d02.html|||«Mi abuelo tuvo dos enemigos: los masones y los comunistas». ]]
Y lo corrobora el presidente de la Fundación Franco, Juan Chicharro, en estos términos: «La afirmación de que Franco intentó ser masón es más un rumor político e historiográfico que un hecho demostrado. Lo único verificable es su intensa y persistente hostilidad hacia la masonería y los historiadores serios no consideran que haya pruebas sólidas que lo respalden».
Se apoya Chicharro en el testimonio de los principales biógrafos de Franco, «afines y no afines, como Paul Preston, Stanley G. Payne, Luis Suárez o Hugh Thomas, entre otros», que «no consideran en absoluto el hecho probado ni tampoco existe documentación verificable que lo confirme y además las logias que supuestamente estarían implicadas y que, por otra parte, mantienen una documentación completa no registran su solicitud en ningún caso».
Concluye el actual responsable del legado de Franco que «los rumores no son más que eso: rumores, falacias» que «proceden de propaganda del exilio y de testimonios meramente orales sin validez contrastada. Es imprescindible considerar que conforme a los historiadores más importantes lo consideran inverosímil y desde luego no demostrado».