Durante meses, la versión oficial fue escueta y aséptica. Un comunicado, unas líneas medidas y un «hasta aquí» sin demasiadas explicaciones. Pero la salida de Leire Martínez de La Oreja de Van Gogh no fue una decisión repentina ni un punto final improvisado. Fue el resultado de un proceso interno que comenzó mucho antes de octubre de 2024 y que tuvo un detonante muy concreto: el regreso de Amaia Montero al foco público. Todo empezó el 22 de junio, cuando Amaia subió por sorpresa al escenario del Santiago Bernabéu durante el concierto de Karol G para cantar Rosas. La imagen fue potente, viral y emocional. Para el público fue nostalgia; para el grupo, una posibilidad real. Por primera vez en años, la idea de su vuelta dejó de ser un recuerdo para convertirse en una opción sobre la mesa. Los miembros fundadores —Xabier San Martín, Álvaro Fuertes, Haritz Garde y Pablo Benegas— comenzaron a valorar una serie de conciertos puntuales por el 30 aniversario de la banda con Amaia como reclamo. La idea era potente, pero tenía una arista evidente: La Oreja de Van Gogh ya tenía vocalista, y no desde hacía poco, sino desde hacía 17 años. Cuando Leire tuvo conocimiento de esos planes, su reacción no fue de bloqueo ni de confrontación. Al contrario. Propuso una solución conciliadora y simbólica: cantar juntas . Compartir escenario. Unir pasado y presente del grupo en una misma gira. Sin embargo, la respuesta fue un rotundo «no». Según las informaciones que han ido saliendo a la luz, Amaia Montero se negó en rotundo a cantar a dúo. El grupo respaldó su postura y, a partir de ese momento, el escenario cambió por completo . La opción de convivencia artística desapareció y Leire quedó fuera del nuevo proyecto. No hubo negociación pública ni transición progresiva. El desenlace llegó semanas después, el 14 de octubre de 2024, cuando la banda anunció en redes sociales la salida de su vocalista. Un comunicado unilateral, que Leire no firmó y del que, según se ha sabido después, no fue informada previamente . El final de una etapa larga, intensa y creativa se resolvía así, sin foto conjunta y sin relato compartido. La marcha de Leire no fue la única grieta. Pablo Benegas, guitarrista y miembro fundador, también decidió apartarse de esta nueva etapa. En su caso, el argumento público hablaba de una pausa temporal para centrarse en su familia y en otros proyectos. Sin embargo, el trasfondo era más complejo. Benegas fue, históricamente, uno de los apoyos más firmes de Amaia y, precisamente por eso, dudaba de que estuviera preparada para asumir una gira de gran exigencia. Su postura no fue compartida por el resto y optó por dar un paso atrás. Ese paso, además, tuvo consecuencias estructurales. En diciembre se creó una nueva sociedad para gestionar la gira del regreso de Amaia, en la que no figura Benegas. Un detalle empresarial que marca, de facto, una desvinculación mucho más profunda de lo que se comunicó inicialmente. Mientras tanto, la banda sigue adelante. El nuevo single ya está en circulación, la gira avanza con fechas agotadas y los ensayos se analizan al milímetro en redes. El regreso de Amaia no ha estado exento de polémica y la conversación sobre su estado vocal ha vuelto a abrirse con fuerza. Leire, por su parte, ha elegido otro camino . Ha iniciado su carrera en solitario con cifras sólidas y un discurso propio, centrado en la composición y en una libertad creativa que, según ella misma ha contado, no siempre tuvo dentro del grupo.