Los líderes europeos mantienen la guardia pese al imprevisible giro arancelario de Washington
Los líderes comunitarios vivieron esta semana un intenso déjà vu del último verano. Tras las últimas amenazas arancelarias del presidente estadounidense, Donald Trump, el Consejo Europeo extraordinario de este jueves ha estado marcado por el desconcierto y el alivio. La cumbre promete servir para que los jefes de Estado intentaran forzar un retorno a la normalidad en las relaciones con Washington.
Aunque el encuentro carecía de una agenda formal, la prioridad era debatir el futuro transatlántico, desde la crisis de Groenlandia hasta Oriente Próximo, y sobre todo esbozar un plan a largo plazo sobre cómo tratar con Estados Unidos bajo la batuta del republicano.
"Este año ha demostrado lo imprevisible que puede ser la relación transatlántica", afirmó a su llegada a la cumbre la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, quien admitió que esa relación "ha sufrido un gran golpe durante la última semana".
La convocatoria de esta cumbre se precipitó el pasado domingo, tras una reunión de urgencia de los embajadores europeos para analizar el plan planteado por Washington. La Administración Trump había anunciado aranceles del 10 % a ocho países europeos-Dinamarca, Alemania, Francia, Países Bajos, Suecia, Finlandia, Reino Unido y Noruega- como represalia por su apoyo militar a Groenlandia. La amenaza incluía un segundo tramo que elevaría los gravámenes hasta el 25 % a partir de junio, una medida que Washington pretendía mantener en vigor hasta forzar un acuerdo para la "compra total y plena" de la isla ártica.
Una relación clave
Sin embargo, el escenario cambió este miércoles durante el Foro de Davos. En un giro inesperado, el presidente estadounidense anunció que desistía en su amenaza a cambio de un compromiso sobre la seguridad en el Ártico. Este movimiento de última hora modificó el objetivo del Consejo Europeo: aunque la urgencia de aplicar medidas de represalia comerciales ha disminuido, nadie en el bloque se atrevió a dar por cerrada la crisis de forma definitiva.
La mayoría de los líderes admitieron este jueves que la relación con Estados Unidos seguía siendo clave para la Unión y que estaban dispuestos a trabajar duro para mantenerla, pero que esperaban a cambio respeto por parte de Washington. "Europa no está dispuesta a tirar por la borda 80 años de buenas relaciones transatlánticas por desacuerdos. Estamos dispuestos a invertir nuestro tiempo y energía en esto", dijo Kallas.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, dijo ante los medios que se prestaba a trabajar con Estados Unidos para ampliar su pacto de defensa de 1951, que permitió a los estadounidenses establecer bases militares en Groenlandia. "Si ese acuerdo puede ampliarse, ciertamente no es algo que rechazaríamos por parte danesa o groenlandesa", dijo Frederiksen, quien subrayó que Copenhague ha cooperado con Estados Unidos durante muchos años en materia de seguridad y que cualquier cambio en el tratado debe hacerse de manera adecuada con las tres partes implicadas. Preguntada sobre si Groenlandia podría albergar bases estadounidenses soberanas, respondió que la soberanía danesa "no puede discutirse, no puede cambiarse".
Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, aplaudió la unidad europea como factor clave para rebajar las tensiones esta semana: "Las cosas se están calmando y deberíamos celebrarlo", afirmó. Aún así, advirtió que es necesario mantenerse "extremadamente vigilantes" y "preparados para utilizar los instrumentos a nuestra disposición si volvemos a ser objeto de amenazas", en referencia al instrumento anticoerción que el bloque había considerado utilizar.
"Es importante que nuestros socios en Washington entiendan la diferencia entre dominación y liderazgo. El liderazgo está bien, la coerción no es un buen método", resumió el primer ministro polaco, Donald Tusk.
La Junta de Paz para Gaza
Los líderes aprovecharán el encuentro para abordar otros movimientos estratégicos de la Administración estadounidense que ponen en riesgo la cohesión de la OTAN y la alianza occidental. Especial atención recibió la propuesta de Trump de crear una "Junta de Paz" para Gaza, un organismo del que formarían parte figuras como el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y su homólogo ruso, Vladímir Putin.
Aunque inicialmente las capitales europeas se mostraron dispuestas a colaborar, el bloque advirtió que existen "puntos que deben aclararse". Por el momento, la iniciativa ha fracturado la unidad europea: mientras Hungría y Bulgaria han aceptado unirse, países como Francia y Suecia -junto a Reino Unido y Noruega- ya han rechazado la invitación.
En el ámbito legislativo, el Parlamento Europeo reaccionó este jueves con cautela ante el giro de Washington. Tras haber pausado la ratificación del acuerdo comercial UE-EE.UU., que incluía aranceles cero pactados el pasado verano en Escocia, los eurodiputados se mostraron dispuestos a reconsiderar su postura. Bernd Lange, presidente de la comisión de Comercio, advirtió en X que no hay lugar para una "falsa sensación de seguridad" y que la UE debe estar lista para usar "todos los instrumentos jurídicos disponibles".
La presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, afirmó en la cumbre que seguirá "impulsando" el pacto comercial transatlántico. Hasta el cambio de guion de Trump, Bruselas barajaba represalias sobre bienes estadounidenses por valor de 93.000 millones de euros, una herramienta de sanciones que permanece en la reserva ante la previsión de que nuevas presiones puedan surgir en cualquier momento.