Hickstead, el caballo que marcó una época y murió en una pista.
Hay caballos que ganan grandes premios y otros que trascienden el deporte. "Hickstead" pertenece a la segunda categoría. Pequeño de alzada e inmenso de corazón y carácter, marcó una época en el Salto de Obstáculos. Su final fue tan abrupto como simbólico. Murió en plena competición, después de completar un recorrido.
"Hickstead" (2-3-1996) fue criado en Holanda por Jan van Schijndel. Hijo de "Hamlet" y de "Jomara", por Ekstein, estaba inscrito en el libro genealógico del Dutch Warmblood. Con 1,63 de alzada, nunca encajó en el prototipo del caballo moderno. Pronto se le definió como "el pequeño con actitud".
Su destino cambió en 2004, cuando con siete años fue adquirido por el canadiense Eric Lamaze, que se convirtió en su único jinete en la alta competición. Bajo la propiedad compartida de Torrey Pines Stable y Ashland Stables Inc., caballo y jinete iniciaron una asociación que escribió algunas de las páginas más influyentes del Salto.
"Hickstead" no fue sólo un caballo ganador. Fue un dominador. Un competidor feroz, rápido, valiente y técnicamente excepcional, con una capacidad mental extraordinaria para entender la exigencia del máximo nivel. Su palmarés impresiona años después de su muerte y lo sitúa entre los mejores caballos de Salto de todos los tiempos.
El punto culminante de su carrera llegó en los Juegos de Pekín 2008. Fue oro individual, el primero en la historia ecuestre de Canadá, además de plata por equipos. Dos años después, en los Juegos Ecuestres Mundiales de Lexington, se colgó el bronce individual y protagonizó una hazaña sin precedentes en la "Final Top Four" al completar cuatro recorridos sin falta con cuatro jinetes distintos. Ese logro le valió el reconocimiento oficial como Mejor Caballo del Mundo.
Su dominio se extendió a los grandes templos del salto. Ganó el Gran Premio Rolex de Aachen en 2010, se impuso en Spruce Meadows en 2007 y 2011 ante casi 90.000 espectadores. Roma, La Baule, Leipzig, Florida, el Riders Tour... acumuló más de 3,7 millones de dólares en premios y llevó a su jinete al número uno del ranking mundial en dos ocasiones.
No fue un caballo fácil. Fogoso, competitivo, espabilado y con una personalidad marcada, en sus inicios fue considerado difícil y asustadizo, especialmente con los obstáculos de agua. Muchos lo descartaron, pero Lamaze vio en ese temperamento un potencial extraordinario. Esa intensidad se transformó en una de sus mayores virtudes. "Hickstead" entendía la pista, sabía cuándo estaba compitiendo y tenía una aversión casi instintiva a derribar una barra.
El 6 de noviembre de 2011, en Verona, el mundo del Salto se detuvo. "Hickstead" y Lamaze acababan de completar su primer recorrido del Gran Premio de la Copa del Mundo. Cometió un derribo, algo inusual. Mientras abandonaban la pista, el caballo se desplomó de manera repentina. Los veterinarios actuaron de inmediato, pero murió en cuestión de minutos a causa de una rotura aórtica catastrófica.
Los jinetes solicitaron la suspensión de la prueba y se guardó un minuto de silencio en la pista. "Hickstead" se había ido haciendo lo que mejor sabía hacer: competir. Murió con apenas 15 años y con la retirada a la vista. No fue un semental comercial destacado, aunque dejó alrededor de un centenar de descendientes y unas 50 dosis de semen congelado en Europa. En Spruce Meadows, una estatua en su honor recuerda de forma permanente a un caballo inolvidable.