La curiosa reinvención de un empresario cervecero: suplementación, hielo y oxígeno puro
James Watt, cofundador de una cervecera artesanal que se convirtió en fenómeno internacional, ha cambiado el ritmo frenético del emprendimiento por un objetivo peculiar: vivir más y mejor. Para conseguirlo ha invertido más de 1,15 millones de euros en dispositivos de biohacking y protocolos de salud que van desde el hielo hasta el oxígeno presurizado.
Su arsenal incluye dos cámaras hiperbáricas (una de ellas valorada en unos 126.500 euros), un anillo inteligente que sustituyó al tradicional anillo de boda, un casco de neurofeedback para regular el estrés y 17 suplementos diarios.
Del hielo al oxígeno: la vida optimizada como nueva forma de envejecer
Su rutina arranca a las seis de la mañana con baños de hielo y continúa con entrenamientos, monitorización biométrica y análisis de sangre cada dos meses. Todo ello supervisado por una especialista en longevidad cuyo programa anual cuesta desde unos 26.500 euros.
Watt calcula que dedica unas dos horas y media al día a optimizar su cuerpo, aunque asegura que ya ha integrado el ritual en su agenda laboral: atiende llamadas desde la sauna, hace reuniones por videollamada dentro de la cámara hiperbárica y entrena con potenciales socios. En casa, un chef privado vela por una dieta que puede incluir hasta 200 tipos de plantas y verduras a la semana.
El detonante fue la muerte de su padre en 2023 por un cáncer de páncreas en fase avanzada. “Pensé que viviría hasta los 90, como mi abuelo”, ha llegado a decir. Tras el impacto, se volcó en la longevidad y en la prevención con una intensidad que define como “proyecto vital”.
Su apuesta lo conecta con una tendencia global que encabezan figuras como el inversor estadounidense Bryan Johnson, famoso por sus protocolos extremos y su objetivo declarado de ralentizar el proceso de envejecimiento. Watt, en cambio, no habla de inmortalidad sino de “alargar la vida útil” y mantener la cabeza despejada para seguir emprendiendo.
El giro tiene su paradoja evidente: quien amasó su fortuna vendiendo cerveza ahora predica moderación y longevidad. Watt admite que el alcohol “no es ideal para la salud”, pero no está dispuesto a renunciar. Bebe entre seis y ocho unidades semanales, mientras su esposa prefiere no beber nada.
Lejos de retirarse, Watt sigue trabajando 11 o 12 horas al día en nuevos proyectos, incluida su plataforma Social Tip. En su entorno lo definen como alguien que ya cambió la forma de hacer cerveza y que ahora intenta cambiar la forma de envejecer.