El Ejército pone a punto sus cañones de artillería de 155 mm
La artillería de pólvora como arma integrante de los ejércitos ha evolucionado mucho desde que se ideara en el siglo XV. No obstante, los cañones, por mucha tecnología que hayan integrado, siguen siendo pesados y difíciles de mover, pero imprescindibles para llevar a cabo operaciones militares que requieran de bombardear con precisión y constancia posiciones enemigas, allá donde estén.
Desde la Segunda Guerra Mundial no ha dejado de adquirir cada vez mayor importancia. Durante la última conflagración mundial se innovó en este aspecto al instalar cañones en vehículos de orugas para mejorar su movilidad y despliegue. Sin embargo, esta configuración tenía limitaciones en cuanto a alcance, calibre y, ante todo, costes de fabricación y mantenimiento. Por ello, los cañones tradicionales con ruedas que deben ser remolcados para poder ser movidos siguen siendo un arma clave en el conjunto de las Fuerzas Armadas. En los tiempos actuales se ha podido comprobar muy bien en conflictos como el de Ucrania, donde el ejército ruso ha utilizado su superioridad en artillería para abatir las posiciones defensivas ucranianas. Se estima que Rusia gasta una media diaria de 10.000 proyectiles de artillería en misiones de bombardeo.
Con estos datos en la mano es normal que los cañones no hayan perdido nada de su trascendencia en la guerra moderna. Los carros de combate actualizados, el uso masivo de drones y misiles hipersónicos han hecho del campo de batalla un lugar más peligroso que antaño, pero en el mismo actúan armas ya conocidas en conflictos y periodos anteriores. De hecho, las imágenes que se han podido contemplar de las zonas afectadas por esos bombardeos rusos se han comparado con la destrucción causada en ciertas batallas libradas en el Frente Occidental entre 1916 y 1917 durante la Primera Guerra Mundial.
Al poseer una relevancia tan marcada todavía en la actualidad, es normal que las autoridades de las distintas Fuerzas Armadas busquen mejorar e incrementar los servicios de la artillería. En ese sentido, esta semana se ha recibido información de que la importante firma armamentística General Dynamics European Land Systems/Santa Bárbara Sistemas (GDSBS) ha conseguido un contrato por parte del Ejército de Tierra para evaluar y conocer el estado real de los obuses de 155 mm modelo 155/52 SIAC fabricados por la misma compañía.
Ahora mismo, el Ejército de Tierra cuenta con 82 piezas de esta clase repartidas en dos bloques. La artillería de campaña consta de 66 unidades, mientras que la defensa costera dispone de 16. La firma del contrato supone, por tanto, que Santa Bárbara Sistemas se encargará de conocer al detalle el nivel de desgaste así como la vida útil que le queda a cada uno de los cañones de este modelo que están trabajando dentro de la artillería española.
La misión encomendada a GDSBS tiene la máxima prioridad por parte de las autoridades. Muchas veces se olvida que el armamento, sistemas y vehículos de las Fuerzas Armadas requieren de un mantenimiento continuado. Esto sirve para que todo el material esté en buen estado y a punto para ser usado si es necesario, ya sea para unos ejercicios militares o para entrar en acción. La artillería en concreto no es menos, pues está formada por un tipo de armas que sufren un desgaste superior. Para disparar y alcanzar el objetivo con precisión se necesita que sus tubos no solo se hallen en buen estado, sino que pueda conocerse el nivel de desgaste de cada una de las piezas de las que dispone el ejército.
Los disparos continuados con las piezas, realizados en pruebas en áreas despejadas para ello, van gradualmente desgastando el interior de los cañones debido a las altas presiones que soportan las piezas. A partir de ahí, disparo a disparo, las condiciones van deteriorándose. Por ello GDSBS debe saber en qué estado se encuentran, puesto que así se podrán realizar tablas donde se añadan esos datos para que las unidades de artillería lo tengan en cuenta. Para esas mediciones, que antes solo podía saberse a grandes rasgos, se utilizará la última tecnología de medición basada en láser y computación.
Para concluir, este contrato se ha adjudicado en el marco de una España que está invirtiendo cada vez más en material militar. Por ahora, hay solo 82 cañones de 155 mm, pero observando cómo está el panorama no sería raro que se compraran más unidades. El tiempo lo dirá. Lo que está claro es que los cañones son una pieza fundamental y la mejor prueba se encuentra en que España está buscando la nueva artillería autopropulsada, una búsqueda que se está llevando a cabo con intensidad y de la que ya hemos hablado hace meses.