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Trump nos inunda de titulares cada día y en España tenemos la desgracia de llenarlos aún con el accidente de Adamuz. La alta velocidad no interesa a los americanos. España ocupa la segunda posición tras China. En algún momento, nuestro ministro Puente se fue arriba anunciado que íbamos a competir con Pekín, poniéndonos a 350 km/h. Algo difícil. Los chinos están a punto de superar los 50.000 km de vías de alta velocidad, el 70% del total mundial. Pretenden impulsar el crecimiento de ciudades pequeñas y medianas promoviendo la integración rural-urbana, habida cuenta del contraste que sufren entre urbes super tecnificadas como Shanghái y el interior agrícola.
El gigante asiático no sólo es puntero en alta velocidad convencional, sino también levitación magnética y en locomotoras tipo “bala”. Recientemente, el tren bala CR450 logró una velocidad de 453 km/h durante sus pruebas comerciales, convirtiéndose en el más rápido del mundo. Hicieron una prueba con un vaso de agua, que apenas presentó movimiento. Los que van a 350 km/h en rutas comerciales tampoco tienen nuestras inquietantes vibraciones. Quizás porque cada día hacen una supervisión con técnicos y robots que escanean cada tornillo y cable de la vía y de la parte inferior del tren.
En tecnología “maglev” (levitación magnética), acaban de hacer un experimento en circuito cerrado, que ha llevado a pasar de 0 a 700 kilómetros/hora en 2 segundos. Una simple prueba, aunque el Maglev de Shanghái es todo un espectáculo. Con tecnología alemana “transrapid”, lleva funcionando desde 2004 y recorre 30 kilómetros en 7 minutos. La misma distancia por carretera puede llevar a veces hasta una hora.