Dormir en fragmentos: qué es el sueño polifásico y por qué la ciencia no lo recomienda
El sueño polifásico es un patrón de descanso que divide el dormir en varios períodos a lo largo de 24 horas. A diferencia del modelo monofásico, en el que la mayoría de las personas duerme entre 7 y 8 horas continuas, esta práctica propone múltiples siestas distribuidas durante el día.
Existen al menos cuatro esquemas descritos. El bifásico, con dos períodos diarios. El everyman, que combina un sueño nocturno reducido de 3 a 5 horas con siestas cortas. El uberman, compuesto solo por descansos de 20 a 30 minutos sin un bloque principal. El dymaxion, que se limita a cuatro siestas de media hora y suma apenas 2 horas diarias de sueño.
¿Para quién existe el sueño polifásico?
Especialistas en neurología explican que el ser humano experimenta este patrón en alguna etapa de la vida. En los primeros meses, el sueño polifásico resulta normal. Los bebés duermen en ciclos cortos. Se despiertan para alimentarse y vuelven a dormir.
En esa fase, el descanso total alcanza entre 16 y 18 horas diarias, repartidas en varios momentos. Cerca de los 6 meses, el organismo tiende a consolidar el patrón monofásico.
En la adultez, el sueño polifásico aparece en trabajadores por turnos. En estos casos, los expertos advierten que el control médico resulta clave. El riesgo de somnolencia y fatiga aumenta, sobre todo en oficios como conducción o manejo de maquinaria.
En el reino animal, este patrón es frecuente. Funciona como estrategia de supervivencia. Algunos roedores duermen en lapsos breves y despiertan para detectar amenazas antes de retomar el descanso.
¿Tiene beneficios el sueño polifásico?
Aunque algunos defensores aseguran que permite disponer de más tiempo para otras actividades, no existen estudios científicos que respalden beneficios para la salud. La práctica, según especialistas, es desaconsejada.
Modelos polifásicos extremos no demostraron capacidad para sustituir de forma segura la función biológica del sueño continuo. Investigaciones divulgadas en 2021 por la National Sleep Foundation de Estados Unidos señalaron un mayor riesgo para la salud física y mental en quienes adoptan este patrón.
El problema radica en la fragmentación del descanso. En el sueño monofásico, el cuerpo recorre de forma continua las fases ligera, profunda y REM. Ese proceso respeta el ritmo circadiano. En el sueño polifásico, estas etapas se interrumpen. La arquitectura normal del sueño se altera. Incluso, algunas fases profundas pueden no presentarse.
Riesgos asociados al sueño polifásico
Dormir menos de lo necesario provoca afectaciones cognitivas. Se reportan fallas de memoria y dificultades de concentración. El estado de ánimo también se ve afectado. El riesgo de enfermedades aumenta.
El descanso insuficiente desregula el ritmo biológico. Impacta funciones cerebrales, intestinales y de otros sistemas. La salud general se compromete.
Estudios relacionan el sueño fragmentado con alteraciones metabólicas, mayor riesgo cardiovascular, deterioro del sistema inmunológico, cambios de humor y una mayor probabilidad de ansiedad y depresión. Estos efectos pueden aparecer incluso cuando la persona cree estar adaptada al patrón polifásico.
¿Qué recomienda la medicina del sueño?
El sueño continuo de 7 a 8 horas se mantiene como el estándar recomendado para adultos. Instituciones especializadas coinciden en que la calidad del descanso depende del respeto al ritmo circadiano, la arquitectura fisiológica y la duración adecuada según la edad.
La National Sleep Foundation establece estas recomendaciones diarias:
- Recién nacidos (0 a 3 meses): 14 a 17 horas
- Bebés (4 a 11 meses): 12 a 15 horas
- Primera infancia (1 a 2 años): 11 a 14 horas
- Edad preescolar (3 a 5 años): 10 a 13 horas
- Edad escolar (6 a 13 años): 9 a 11 horas
- Adolescentes (14 a 17 años): 8 a 10 horas
- Jóvenes adultos (18 a 25 años): 7 a 9 horas
- Adultos (26 a 64 años): 7 a 9 horas
- Personas adultas mayores (65 años o más): 7 a 8 horas
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