Muere Fernando Esteso: el inesperado giro final del cómico que marcó una era
Un rostro de la Transición: de la España franquista al destape
Nacido en Zaragoza en 1945, Fernando Esteso comenzó su carrera sobre las tablas con tan solo seis años. Hijo de artistas de variedades, su dominio del escenario le permitió conquistar primero el teatro, luego la televisión y finalmente la gran pantalla.
En los años 70, mientras España vivía los estertores del franquismo, Esteso construyó su personaje: un hombre de pueblo vivaz, con acento maño, que abrazaba el hedonismo con canciones como La Ramona o El Bellotero Pop. Su humor conectaba con una audiencia necesitada de evasión y reconocimiento social, en un país que se adentraba en la Transición.
El tándem Esteso-Pajares: éxito popular y desprecio crítico
La alianza con Andrés Pajares y el director Mariano Ozores marcó una era. Películas como Los Bingueros, Yo hice a Roque III o Los Chulos reventaron la taquilla. La fórmula era sencilla: comedia desenfrenada, mujeres en bikini y un guiño constante a la actualidad política. Aunque despreciadas por la crítica, fueron un fenómeno cultural y económico.
El humor de Esteso evidenciaba una contradicción nacional: el deseo de modernidad choca con una identidad profundamente castiza. Él podía ser el ingenuo o el pícaro, el tonto o el listo. El público, en cualquier caso, quería verlos juntos.
Caída en los 90 y el regreso inesperado
Con la llegada de los 90, el modelo cómico de Esteso perdió vigor. Mientras Pajares probaba el drama y ganaba un Goya, Esteso intentaba prolongar el destape con El amor sí tiene cura. Su fichaje por Telecinco acabó mal: fue despedido en 1993, lo que derivó en un largo proceso judicial que ganó, pero que no reactivó su carrera.
Durante años vivió retirado en Torrevieja. Apenas protagonizó titulares salvo por proyectos fallidos como El código Aparinci, parodia de El código Da Vinci que nunca se rodó.
Redención mediática y legado en la comedia española
El giro llegó en 2011. Un remix de La Ramona junto a King África lo devolvió a la actualidad. Santiago Segura lo integró en las sagas de Torrente, y José Mota lo incorporó a sus especiales de Nochevieja. Esteso volvió, no solo como comediante, sino como símbolo de una época.
Lo más revelador fue su trabajo en películas de Agustí Villaronga como Incierta gloria o Loli Tormenta, donde encarnó papeles dramáticos que demostraban una faceta hasta entonces ignorada. También participó en series como Justo antes de Cristo o cintas de bajo presupuesto como Re-emigrantes y Laberinto de sombras.
Un epílogo entre el cine de autor y la nostalgia popular
Esteso encarnó una figura ambigua de la España tardofranquista: retrató el choque entre lo rural y la modernidad, entre el humor popular y la crítica social encubierta. Aunque nunca se le reconoció como a sus contemporáneos más versátiles, su impacto cultural es incuestionable.
Con su muerte, desaparece una forma de hacer comedia que definió la identidad nacional de varias generaciones. Un artista que, desde el hedonismo más irreverente hasta el drama más sobrio, supo representar lo que significaba reírse de uno mismo en tiempos de cambio.
Consulta aquí el repaso a su colaboración con Mariano Ozores