Cómo la emperatriz Livia Drusila consiguió ser una de las mujeres más poderosas de Roma durante más de 50 años
La tercera y última mujer del emperador Augusto fue una figura clave en la sucesión imperial romana
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En la historia del Imperio Romano, pocas mujeres consiguieron ostentar tanto poder como Livia Drusila. La tercera y última esposa del emperador Augusto tuvo un papel fundamental en el desarrollo de uno de los imperios más grandes y duraderos de la historia. Fue madre del emperador Tiberio, abuela de Claudio, bisabuela de Calígula y tatarabuela de Nerón, asegurando la continuidad de la dinastía Julio-Claudia.
Obras como Yo, Claudio (1934), la novela más conocida del escritor británico Robert Graves, ayudaron a configurar la imagen de Livia como la de una mujer manipuladora y malvada que utilizó todos sus recursos para lograr sus objetivos. ¿El principal? Que su hijo Tiberio sucediera a Augusto, costara lo que costara. El libro incluso presenta a Livia como la culpable de múltiples asesinatos a través de envenenamiento, incluyendo el de su propio marido y emperador.
Sin embargo, otras producciones posteriores han intentado colocar a Livia en otro lugar, reconociendo y teniendo en cuenta el contexto político y social en el que esta tuvo que vivir. Así, en 2021 apareció la serie Domina, que presentó a la emperatriz como una persona fuerte y con las ideas claras que intentó sobrevivir en un sistema hecho por hombres y dirigido por hombres.
“Como líder en la defensa del derecho de las mujeres, fue una mujer dura, temida y a la vez querida, lo suficientemente fuerte como para sellar el destino del Imperio Romano”, señaló la actriz Kasia Smutniak, que interpretó a la emperatriz romana en aquella serie de televisión, en declaraciones a The Hollywood Reporter a finales de 2019. Algunos estudiosos señalan que la mala fama de Livia es muy contemporánea, ya que esta ostentó una buena imagen en el Imperio incluso después del final de la dinastía Julio-Claudia.
Todo para asegurar la sucesión de su familia
De la juventud de Livia se conoce más bien poco, aunque se sabe que nació el 30 de enero del año 58 o 59 a.C., probablemente en Roma. Antes de contraer matrimonio con Augusto, esta ya se había casado con Tiberio Claudio Nerón, un miembro del reconocido clan Claudio. Cuando el emperador la conoció, se encaprichó de ella y decidió que sería su esposa. Era la tercera vez que Augusto se casaba.
La influencia que Livia ejerció sobre su marido fue evidente. Consiguió que Augusto excluyera a sus propios herederos en favor de los hijos que Livia había tenido con su primer marido: Nerón y Tiberio. De esta manera, la emperatriz no solo aseguró la sucesión imperial a su familia, sino que también consolidó su poder dentro del Imperio. En su testamento, Augusto dejó la mayor parte de su herencia a su mujer, a quien adoptó y acabó convirtiéndose en Augusta.
Para los curiosos que se hayan quedado con ganas de saber más sobre Livia, en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid se conserva una escultura de la emperatriz, fechada entre los años 14 y 19, que fue encontrada en la ciudad italiana de Paestum junto a la efigie de su hijo Tiberio, segundo emperador romano.