Embarrando el terreno
El domingo, elecciones, y Sánchez a lo suyo. Se ha especializado en perder y en gobernar ensuciando el terreno. No de otra manera se puede entender esa obsesión por enfrentar a los que quieren hablar. No hay una sola buena intención en nuestro Dirty-S. Lo suyo es puro cálculo malévolo para sacar rédito de lo que apesta. Sea mintiendo o encamándose con el enemigo. En la dana, retrasando la ayuda a quienes la necesitaban. En los incendios, culpando de todo al clima, como si limpiar los montes no fuese necesario. Igual que con el desastre en el mantenimiento de las vías férreas, de las carreteras y de los embalses.
Llueven millones desde Bruselas y nadie sabe dónde van a parar. El cambio climático y Rajoy son responsables de casi todo, y él está aquí para salvarnos del fascismo y la ultraderecha trumpista, que va a acabar devorándolo. Por eso el teatro de las pensiones y todos los demás teatros.
El procedimiento no ha podido ser más burdo. Pudo subirlas por decreto, como la regularización masiva de inmigrantes, pero de lo que se trata es de echar la culpa al PP, sin ruborizarse por tomar a los jubilados como prisioneros de su tacticismo. Estrategias de escaso recorrido. Ya hemos visto el fin del decreto-batiburrillo, y cómo hace filigranas para presentar de víctimas a los inquiokupas que viven en casa ajena, sin pagar un euro, gracias a que nuestro presidente lleva cuatro años prorrogando la legislación extraordinaria de la pandemia.
Ya no hay Covid pero lo que sí hay es mucha jeta. Ahora nos viene con lo de «salvar a la infancia» para, aprovechando una idea buena con la que estamos de acuerdo todos, exigir en la práctica que los españoles entreguen sus datos biométricos y/o legales privados para poder acceder a las noticias en las redes. Lo que quiere Sánchez, amparándose en la protección de los menores (para él pura mercancía, como los pensionistas) es controlar Internet eliminando cualquier contenido que no le guste, empezando por la plataforma de Elon Musk, y siguiendo con Tik Tok y Telegram.
Claro que tales cortinas humeantes le van a dar poco rédito el domingo en Aragón. A falta de un Mazón, le vale cualquier cosa, solo que lo más parecido que tiene está en sus filas y se llama Alegría, amiga de su amigo Salazar, frecuentadora de Paradores con Ábalos, vocera de ideas cero y candidata a conseguir el peor resultado de la historia del PSOE aragonés. Sánchez está a punto de lograr, con Alegría, que le supere en muchas de las urnas el monstruo que él engordó, en estrategia diseñada por Iván Redondo con Abascal, ambos amigos desde los tiempos de Antonio Basagoiti, para quien ambos trabajaban.
Claro que, para barro, lo de las grabaciones Dirty en las saunas de Salustiano. Lo ha reconocido Cerdán ante el juez y ante Leyre fontanera. Villarejo tenía las cintas y ahora están en algún lugar, esperando el momento. Políticos, curas, jueces y diplomáticos. Nuestro líder subiendo a los altares con la ayuda del padre político. Cerdán lo sabe y Salazar también. Lo mismo que Antonio Hernando. Y Alegría se va a comer la debacle aragonesa igual que se comió Gallardo la extremeña. Solo que la exvocera no va a dimitir, ni tan siquiera si es superada por Vox en Zaragoza y Teruel, como parece.
La pena es que no vaya a gobernar Azcón con la holgura que Aragón necesita. Azcón es de lo mejor que ha parido el PP de Feijóo. Y un poco de tranquilidad en la gestión parece más que necesario en este país de Sánchez, barros y suciedades.