Juan Pablo Valenzuela y caída en matrícula de liceos emblemáticos: “La hiperselección académica hoy es una quimera”
El sostenido descenso de matrícula en los liceos emblemáticos de Santiago no es un fenómeno reciente ni puede explicarse únicamente por la implementación del Sistema de Admisión Escolar (SAE). Así lo afirma el investigador del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE), Juan Pablo Valenzuela, quien subraya que se trata de un proceso gradual que se arrastra desde fines de la década del 2000.
“Lo primero es tener un ciclo ordenado de las causas del descenso”, advierte Valenzuela, apuntando como factor central el aumento sostenido de la violencia escolar. Según explica, los episodios reiterados —especialmente en liceos emblemáticos masculinos— provocaron una disminución progresiva tanto en el número como en el perfil de los postulantes. “Antes al Instituto Nacional postulaban estudiantes de alto desempeño y excelente conducta de toda la ciudad. Eso cambió cuando la violencia se volvió sistemática y no fue contenida”, señala.
El académico es enfático en descartar que el deterioro se origine en la llamada “tómbola”. “Es muy importante desmentir que esto sea un tema del SAE. La reducción de matrícula y la caída de desempeño eran previas. En algunos años ni siquiera se lograban llenar los cupos”, afirma. En esa línea, sostiene que decisiones como avanzar hacia la mixtura en establecimientos históricos respondieron también a una baja estructural de la demanda.
Valenzuela agrega un segundo elemento clave: la redistribución territorial de la educación pública de alto desempeño. “En la Región Metropolitana se crearon varios liceos Bicentenario en comunas como Maipú o Puente Alto, con características similares a los emblemáticos tradicionales”, explica. Esto, dice, redujo el incentivo para que estudiantes atravesaran grandes distancias dentro de una ciudad cada vez más congestionada. “Muchos prefieren estudiar en un liceo público de excelencia en su propia comuna”, afirma.
Director del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la U. de Chile, Juan Pablo Valenzuela. Foto: UCHILE.
A ello se suma el factor demográfico, aunque con matices. Si bien reconoce una baja en los nacimientos, Valenzuela aclara que ese fenómeno impacta primero a la educación inicial y básica. “En básica hubo una sustitución por la llegada masiva de estudiantes migrantes. En enseñanza media, en cambio, la caída no ha sido causada principalmente por demografía”, puntualiza.
Respecto del debate sobre mérito y selección, el investigador defiende el SAE como una política pública con respaldo internacional. “Este sistema se aplica en ciudades como Nueva York, en Finlandia o Inglaterra. No es un invento chileno”, sostiene. Y agrega: “No existe evidencia de que un niño de tres o cuatro años tenga más mérito que otro para ingresar a un colegio. Es absurdo”.
Valenzuela advierte además sobre los riesgos de devolver poder selectivo a directores. “Negar el derecho preferente de las familias y delegar la decisión en alguien con menos información es profundamente injusto”, afirma. En su opinión, solo un número muy reducido de establecimientos podría justificar procesos selectivos por talentos específicos.
En materia de convivencia escolar, el académico es categórico: “Cuando hay delincuencia educativa, hay que aplicar la ley. Si no se actúa oportunamente, se estigmatiza al colegio y las familias se van por miedo”. Ese fenómeno, añade, termina profundizando la pérdida de matrícula.
Finalmente, plantea la necesidad de repensar el proyecto educativo de los liceos históricos. “La hiperselección académica hoy es una quimera. No es compatible con una ciudad colapsada y con el shock demográfico que vivimos”, afirma. En su lugar, propone avanzar hacia una excelencia integral, donde el nivel socioeconómico pese cada vez menos en los aprendizajes y oportunidades.
“Los resultados recientes del SIMCE muestran los mejores niveles históricos en lenguaje y matemáticas, con mayor equidad. Ese es el camino: calidad para todos, no el descreme por copago o selección, que me parece aberrante en pleno siglo XXI”, concluye.