La historia de Paul, un hombre de 104 años que ha vivido de todo y lleva medio siglo jubilado: "Ya hay que tener suerte"
Paul Petit nació en 1921 y, a sus 104 años, es hoy uno de los jubilados más longevos de Francia. Lleva retirado desde 1975, cuando fue despedido de las forjas de Champagnole apenas cinco meses antes de alcanzar la edad legal de jubilación, un episodio que marcó el inicio de una retirada laboral que se prolonga ya durante más de medio siglo.
Obrero de profesión, pasó gran parte de su vida trabajando en la industria metalúrgica. La fábrica en la que trabajaba atravesaba una grave crisis y acabó cerrando poco después de su despido.
Aquella decisión empresarial, sin embargo, le permitió acceder a una indemnización que le garantizó el acceso a la pensión. “Pude cobrar el despido y llegar sin problemas al momento de recibir la jubilación”, explica en declaraciones a un periódico francés.
Más de medio siglo jubilado tras un despido a cinco meses de retirarse
Su vida no fue sencilla. Durante la Segunda Guerra Mundial se unió a la Résistance francesa y fue capturado en 1944 por el ejército alemán. Pasó meses de cautiverio marcados por el hambre y las duras condiciones de vida.
“En 1942 moríamos de hambre; menos mal que podíamos trabajar la huerta, aunque aquello me quitó las ganas de volver a comer espinacas”, recuerda con ironía. En agosto de 1944 estuvo a punto de morir tras esquivar por centímetros una bala de las SS.
Tras cuatro días sin comer, fue liberado por las tropas estadounidenses, que lograron estabilizar su estado físico. Aunque se le prometió la cruz de guerra, nunca llegó a recibirla. Aun así, regresó al trabajo tras el conflicto y retomó su vida familiar, convencido de que la suerte había vuelto a acompañarle.
Hoy vive en Ney, una pequeña localidad del este de Francia, en el departamento del Jura, cerca de la frontera con Suiza, donde es el vecino de mayor edad. A pesar de su edad, mantiene una notable autonomía: cocina a diario, acude al mercado semanal y sigue la actualidad con interés.
En 1995 volvió a enfrentarse a la muerte al sufrir un infarto, del que salió adelante gracias a la rápida intervención de su hijo, que logró reanimarlo aplicándole agua fría. “Ahí también tuve mucha suerte”, admite.
Desde que superó el centenar de años, las visitas de vecinos y autoridades locales se han vuelto habituales. Él lo resume sin dramatismos: “Se necesita mucha suerte para llegar a los 100 años. Yo la he tenido toda mi vida”.