Alemania impulsa retornos voluntarios y endurece la política migratoria
La política migratoria más restrictiva impulsada por el Gobierno alemán empieza a dejar cifras que Berlín presenta como un cambio de tendencia. Mientras las solicitudes de asilo siguen cayendo con fuerza, el número de refugiados que opta por regresar voluntariamente a sus países de origen con ayuda económica del Estado se ha disparado en el último año, consolidando una estrategia que combina controles de entrada más estrictos, menos incentivos para permanecer en el país y un refuerzo explícito de los programas de retorno. El incremento de retornos voluntarios refleja un cambio deliberado en la política migratoria alemana. Según datos de la Oficina Federal de Migración y Refugiados, en 2025 un total de 16.576 personas abandonaron Alemania de forma voluntaria con apoyo financiero del Estado, una cifra sensiblemente superior a la de los dos años anteriores, cuando el número de retornos apenas superó los 10.000. El salto es significativo y no se explica solo por factores coyunturales, sino por un cambio político deliberado que busca reducir la presión sobre el sistema de asilo y enviar una señal clara tanto dentro como fuera del país.
Desde el Gobierno señalan que el repunte de las salidas voluntarias va de la mano del fuerte descenso de las nuevas solicitudes de asilo. Un desplome que atribuyen al giro restrictivo de la política migratoria que el Ejecutivo plantea de la siguiente forma: cuando disminuyen las expectativas de quedarse en Alemania, bajan las llegadas y aumentan los retornos, que se prefieren voluntarios, ordenados y con apoyo público, frente a expulsiones forzosas más caras y políticamente más delicadas. El ministro del Interior, Alexander Dobrindt, lo resumió recientemente con una fórmula que se ha convertido en eje del nuevo enfoque: «Alemania necesita una política migratoria que vuelva a ser previsible, controlable y creíble». El Gobierno prioriza retornos voluntarios frente a expulsiones forzosas.
Uno de los elementos clave de este giro ha sido la reactivación, desde enero de 2025, del programa de retorno voluntario a Siria, suspendido durante años debido a la guerra. Solo en los últimos doce meses, casi 6.000 personas solicitaron acogerse a esta vía para regresar al país árabe, y más de 3.600 ya lo han hecho. Desde la Oficina Federal para la Migración y los Refugiados reconocen un «gran interés» por esta opción, especialmente entre refugiados que llevan años en Alemania y perciben que las condiciones para quedarse se han endurecido de forma estructural. Para Dobrindt, este tipo de retornos «son preferibles a cualquier otra alternativa» y forman parte de una política que, según subraya, «prioriza soluciones ordenadas frente a conflictos prolongados». El programa REAG/GARP facilita el regreso con apoyo económico y logístico.
El programa central que articula estas salidas es el denominado REAG/GARP, un mecanismo financiado por el Gobierno federal que cubre los gastos de viaje y concede una ayuda económica inicial para facilitar el regreso. Cada adulto recibe hasta mil euros y los menores, 500, una cantidad que Berlín presenta como un apoyo para empezar de nuevo en el país de origen o en un tercer Estado. El coste presupuestario es limitado en comparación con el mantenimiento prolongado de solicitantes de asilo en territorio alemán, un argumento que el Ejecutivo utiliza para justificar la expansión de este modelo. «La ayuda al retorno es también una forma responsable de gestionar los recursos públicos», defendió Dobrindt.
Aunque Siria y Turquía figuran entre los principales destinos de retorno en 2025, las autoridades insisten en que el fenómeno no se limita a un solo país, sino que forma parte de una tendencia más amplia. Al mismo tiempo, el número de nuevas solicitudes de asilo ha ido cayendo de forma sostenida. No solo por el endurecimiento de los controles y de los procedimientos, sino también porque el mensaje político que emite Berlín ha cambiado: Alemania ya no se presenta como un país de acogida abierta, sino como un Estado que prioriza la disuasión, el retorno y la temporalidad de la protección, en respuesta a una presión interna creciente sobre el Gobierno. La nueva estrategia migratoria alemana enfatiza la disuasión y la temporalidad de la protección.
En este aspecto, el debate migratorio se ha convertido en uno de los ejes centrales de la agenda alemana, alimentado por el avance de la extrema derecha y por el desgaste social en municipios y Länder que llevan años gestionando la acogida. La coalición en el poder ha optado por una línea más dura para recuperar credibilidad y mostrar capacidad de control, aun a costa de tensiones con organizaciones humanitarias y ciertos sectores de la izquierda; de hecho, desde estas organizaciones se advierte que los retornos opcionales no siempre son tan voluntarios como sugieren las estadísticas y denuncian que muchos refugiados optan por marcharse ante la falta de alternativas reales. El Gobierno rechaza esa lectura. «No se trata de presionar, sino de ofrecer una salida clara», insiste Dobrindt, que defiende que las decisiones se toman con asesoramiento y apoyo institucional.
Lo cierto es que las cifras refuerzan el relato oficial. Alemania no solo registra menos llegadas, sino que consigue reducir de forma tangible el número de personas que permanecen en el país sin perspectivas claras de protección. Para el Ejecutivo, el aumento de los retornos voluntarios confirma la eficacia de la estrategia, aunque para sus críticos, es el reflejo de un endurecimiento que desplaza el problema fuera de las fronteras alemanas. En cualquier caso, los datos confirman que la política de asilo alemana ha entrado en una nueva fase, más restrictiva y menos abierta, con consecuencias ya visibles en el mapa migratorio europeo.