El español de 82 años con cuerpo de chaval que asombra a científicos de todo el planeta: "No me siento viejo"
Cuando Juan López García, mecánico de toda la vida en Toledo, se jubiló a los 66 años, jamás imaginó que su vida daría un giro tan radical. Sin historial deportivo, sin entrenamientos previos y sin más motivación que “mantenerse en forma”, decidió salir a correr por primera vez.
Apenas aguantó un kilómetro. Dieciséis años después, este toledano de 82 años se ha convertido en un fenómeno mundial: posee el récord del mundo de maratón en la categoría de 80 a 84 años y completa ultramaratones de 50 kilómetros con una facilidad que deja boquiabiertos a atletas y científicos.
Su caso llamó la atención de un equipo europeo de investigadores, que lo invitó a someterse a pruebas exhaustivas en laboratorio.
Un ejemplo mundial de que la edad no es el límite, sino el punto de partida
Los resultados, publicados en Frontiers in Physiology, han sorprendido incluso a los expertos. Según Julián Alcázar, científico del deporte y coautor del estudio, Juan tiene un nivel de capacidad aeróbica equivalente al de un joven de entre 20 y 30 años. Su VO2máx, que normalmente cae un 10% por década después de los 50, parece haber mejorado desde que empezó a entrenar.
Lo más llamativo es que, pese a su rendimiento extraordinario, su biomecánica y su entrenamiento son completamente normales. No posee una genética excepcional ni una técnica fuera de lo común. Simplemente corre mucho, con constancia y disciplina.
Actualmente realiza unos 64 kilómetros semanales, cifra que casi duplica cuando prepara una competición. Alterna rodajes largos con sesiones de intervalos y complementa su rutina con ejercicios de fuerza en casa. Su dieta, asegura, es “mediterránea y de toda la vida”.
Los científicos destacan que su caso desmonta la idea de que la vejez implica inevitablemente pérdida de fuerza, velocidad y masa muscular. De hecho, Juan empezó a competir a los 70 años y, cuanto más envejecía, más rápido y más lejos corría. “Eso no es habitual”, reconocen los investigadores.
Juan, por su parte, mantiene los pies en la tierra: “No me siento viejo. Solo hago lo que me gusta”. Su historia demuestra que nunca es tarde para empezar y que el cuerpo humano puede sorprender incluso cuando la sociedad ya lo da por acabado.