Un hombre denuncia a una óptica y le reclama 200.000 euros tras descubrir que el test ocular que provocó la pérdida de su empleo era falso
La vida de Francis Hodibert, un conductor de camión de 62 años de Slough (Reino Unido), dio un vuelco inesperado cuando un examen de la vista rutinario en su óptica local terminó costándole su empleo, su estabilidad emocional y, según afirma, su salud mental.
Ahora ha presentado una demanda por más de 200.000 euros contra la cadena Specsavers, a la que acusa de haber realizado una prueba defectuosa que llevó a la retirada de su licencia de vehículos pesados.
Todo comenzó en 2022, cuando Hodibert acudió a la óptica para someterse al examen obligatorio que exige la DVLA, la autoridad de tráfico británica, para renovar la licencia de los conductores profesionales.
La prueba incluía un test de campo visual, fundamental para evaluar la visión periférica. Según los documentos presentados ante el Tribunal Superior, el resultado fue negativo: la máquina detectó supuestos defectos visuales y la DVLA retiró su licencia meses después.
Sin embargo, seis meses más tarde, un oftalmólogo independiente repitió las pruebas y concluyó que no existía ningún problema. Con ese informe, Hodibert recuperó su licencia en marzo de 2023. Para entonces, asegura, el daño ya estaba hecho.
El camionero sostiene que la prueba realizada por Specsavers fue “incorrecta y negligente”, y que el informe enviado a la DVLA contenía datos falsos que provocaron la revocación de su permiso. Su abogado, Michael O’Neill, afirma que la óptica no calibró adecuadamente la máquina ni supervisó el procedimiento, lo que habría generado un resultado erróneo.
Las consecuencias, según la demanda, fueron devastadoras. Hodibert asegura que la pérdida de su licencia lo dejó sin ingresos, con una profunda ansiedad y un estado depresivo que aún arrastra. Un médico ha certificado que su salud mental se deterioró gravemente y que podría no volver a trabajar como conductor profesional.
Specsavers, por su parte, ha anunciado que combatirá la demanda y defiende que sus procedimientos cumplen los estándares exigidos por la DVLA.
El caso ha reabierto el debate sobre la fiabilidad de las pruebas visuales realizadas en ópticas comerciales y el impacto que un error puede tener en profesiones donde la visión es un requisito esencial.