Menuda semana de récord lleva Roberto Leal. Para empezar, el jueves le entregó a Rosa Rodríguez más de 2,7 millones de euros en el rosco de 'Pasapalabra': «Ha sido uno de los momentos más emocionantes que he vivido en el programa porque el bote era el mayor de la historia del concurso. Y porque te ves en una situación agridulce en la que te alegras por quien se lleva el premio, pero también te despides de quien ha perdido. Debes asumir entonces que toca empezar con otros concursantes, buscar el 'feeling', ir poco a poco conectando para iniciar una nueva relación». También ha ido más lejos en el descubrimiento de los secretos de su padre gracias a 'Nos vamos de madre', el programa en el que Mercedes, su progenitora y toda una revelación mediática, le ha confesado que a su marido «no le gustaba que estuviera mucho por ahí porque era demasiado guapa ». A Roberto le ha sorprendido que su padre fuera celoso, aunque lo encuadra en una época en la que se reprimían los sueños de las mujeres: «hay otros aspectos de él que ya conocía, como que era trabajador, puntual y responsable, pero ahora he visto que también era protector, que estaba más pendiente de lo que yo pensaba, porque yo solo le veía trabajando». Gracias al programa ha reforzado el vínculo con su madre: «Siempre supe que era una mujer fuerte. Solo la he visto llorar dos veces, cuando murió mi padre y al recordar al suyo, mi abuelo Antonio, al que perdió siendo muy niña. Descubrir su vulnerabilidad me ha emocionado». Y se asombra con las pruebas cada más vez más complicadas a las que se someten todos los viernes los famosos participantes de 'El desafío': «Aunque todo está controlado y no hay peligro, el 'show' es cada vez más arriesgado . El reto de Jorge Salvador como director es superarse cada temporada, llevar a los concursantes al límite gracias a pruebas cada vez más originales y más espectaculares». Aprovechamos para saber cuál sería, en lo personal, el desafío al que se enfrentaría el presentador: «La educación de mis hijos es mi prioridad. Que se eduquen en la normalidad, que vean que ésta es una profesión como otra cualquiera. Salir en televisión no te hace especial . Es todo un desafío hacerles entender que mi trabajo no es ser famoso». Roberto se enfrenta a la vida «con honestidad, intentando ser en la tele lo más parecido a lo que soy en realidad, eso sí, con el deseo de devolver todo el cariño que recibo». Le gustaría «no ser tan temperamental, tan cabezota. Mira que me mantengo si creo tener la razón, pero debería aprender a dar un paso atrás». Y se declara «un auténtico soñador, aunque no soy de proyectar mis deseos. Yo iba para dibujante, y mira dónde he terminado. Para lograr las metas hay que soñar». También reconocer que es «más romántico que práctico. Es verdad que con Sara mantuve una estrategia para conquistarla. Luego, todo ha sido diferente desde que formamos una familia, Ahora, buscamos tiempo para los dos. Los hijos son maravillosos, pero nos gustaría poder terminar una conversación sin interrupciones. Tenemos ayuda para escaparnos alguna noche a cenar juntos o tener un fin de semana para nosotros». Alimentar la pasión de la pareja es una misión que compagina con la paternidad, una realidad que le afectó radicalmente: «Ser padre te hace mejor persona. Igual que a ella ser madre. Al final es un acto de generosidad que cambia tu vida por completo. La parte negativa es que, de pronto, descubres que tienes más miedos. Ahora no hago muchas cosas de cierto riesgo 'por si acaso', así que me cuido de cometer locuras. Soy menos egoísta, no quiero que me pasa nada, no por mí, por ellos». El 'emoji' que más usa: «El de la carita que se ríe soltando lagrimones. Es que el 90% de lo que escribo es de guasa». Se haría un 'selfi' con: «Con Davor Suker. Ya tengo uno de cuando yo tenía 12 años y me llamaban Dabor Rober, pero quiero actualizarlo». Un momento 'Tierra, trágame': «Haciendo un directo, con 22 añitos, creyendo que quitándome el acento hablaba más fino. Al final, yo venga colocar eses para acabar metiendo una zeta en la última palabra. Así que, en lugar de casa, dije caza». Un sacrificio por la fama: «Dejar mi casa, mi tierra, creyendo que sería por unos meses y llevo ya 16 años. Por el camino he dejado aficiones, como mis chirigotas, y mis amistades». Algo que no puede faltar en su día a día: «El deporte (por una lesión el hombro ha dejado un lado el 'crossfit': «me pasé de rosca») y sacar a mi perra». Un propósito que nunca cumple: «Me encantaría aprender idiomas como el japonés o el alemán, menos habituales. ¡Qué envidia me da la gente políglota!» Un lugar para perderse: «Cádiz. Es un paraíso. Desde la capital hasta rincones como El Palmar, Barbate o Conil. Su gente, su luz, su gastronomía. Me quedo con todo». Su primer beso: «Improvisado y mejorable. Con los labios cerrados y bonitos sentimientos. Fue un beso de amor, pero lastrado por los nervios». Tiene miedo a: «A perderme cosas con mis hijos, que el tiempo pasa rápido. No me da miedo envejecer, me preocupa no disfrutar todo lo que pudiera de ellos». Dentro de 10 años se ve: «Con salud, trabajando en televisión con pasión. No tengo una meta especial. No sé cómo será la crisis de los 50, en la de los 40 me ha dado por cuidarme, sobre todo en la alimentación. No creo que sea de los que se compre un descapotable. Ya tuve uno y me deshice de él a los tres meses, era poco práctico». El pequeño Roberto: «En el colegio era el típico delegado de clase, trabajador, estudioso. No era extrovertido, era miedoso, pero no era nada problemático. Sacaba buenas notas, hasta que llegó la adolescencia y en el instituto me relajé, incluso repetí curso dos años. Me divertía, me saltaba las clases. Como tenía buena memoria, estudiaba la víspera. Tenía el mismo grupo de amigos, que todavía conservo».