Puñales en Moncloa por el liderazgo de la izquierda
La sala de prensa del Palacio de la Moncloa se convirtió ayer en el escaparate de una guerra abierta en el seno de la izquierda española. El resultado electoral en Aragón, donde la derecha triunfó de manera incontestable, ha acelerado una disputa que lleva meses fraguándose. Al menos, desde octubre. ¿Qué hacer para frenar la previsible llegada del PP y Vox al Gobierno que detectan casi todas las encuestas? Y, sobre todo, cómo hacerlo.
El primero en volver a abrir el debate, tras el varapalo del domingo pasado, fue el portavoz de ERC, Gabriel Rufián. El republicano insistió en su idea de aglutinar en una única lista electoral a todas las fuerzas de izquierda del Congreso; también las independentistas y regionalistas.
El éxito de la Chunta dio motivos de sobra a Rufián para airear de nuevo su plan. Pero dos ministros de Sumar salieron ayer al paso en Moncloa: la titular de Sanidad, Mónica García, y el de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy. Y a ambos se les notó más que tensos.
En cierta manera, tanto García, líder de Más Madrid, como Bustinduy, quisieron dejar claro que está bien que la izquierda debata sobre cómo debe organizarse de cara al próximo ciclo electoral. Pero también intentaron marcar distancias respecto a la propuesta de Rufián. Para los principales partidos que conforman la coalición Sumar —Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Más Madrid y los ‘comunes’—, la unidad de la izquierda ya fue lo que se hizo en Magariños con Yolanda Díaz en 2023. Aunque ahora estos mismos partidos han decidido que deben volver a unirse bajo un nuevo nombre y un nuevo liderazgo. El próximo 21 de febrero darán algunos detalles. Y, una vez más, sin visos de que Podemos acepte entrar en la foto tras abandonar el barco por el veto a Irene Montero.
Atendiendo a la teoría, ahora es el momento de reconstruir Sumar desde abajo, desde los cimientos, prestando atención a las cuestiones políticas y al fondo. Después, será el momento de pensar en quién debe liderar ese proyecto renovado. Eso, sobre el papel. Pero, en la práctica, la realidad está siendo muy distinta.
Ayer, Izquierda Unida, los ‘comunes’, Más Madrid y Movimiento Sumar anunciaron que habían llegado a un acuerdo para volver a crear una coalición con la que concurrir a las elecciones generales. Aunque intentaron que el foco se pusiera exclusivamente sobre el acuerdo, el anuncio supuso de facto el pistoletazo de salida de una guerra soterrada por el liderazgo. En plata: quién será la nueva Yolanda Díaz. El conflicto no es solo interno: también salpica al Consejo de Ministros, donde hubo malestar porque la rueda de prensa en Moncloa girara sobre la crisis del socio menor.
Por su parte, la portavoz de Movimiento Sumar en el Congreso de los Diputados, Verónica Barbero, reiteró que Yolanda Díaz “es la mejor candidata” que tuvo este espacio y la mejor que puede tener en el futuro. Aunque la vicepresidenta segunda aún no ha mostrado sus cartas, Barbero forma parte de su núcleo de confianza, por lo que sus palabras se interpretan como un mensaje perfectamente calculado.
De hecho, fuentes del conglomerado político de Sumar reconocen que hace unas semanas no tenían claro si Díaz daría el paso, y ahora vuelven a albergar dudas. «Para nosotras, la referente natural es Yolanda Díaz. Lo es a día de hoy, lo fue el 23-J y lo seguirá siendo», insistió Barbero.
Sin embargo, en Izquierda Unida no comparten en absoluto que tenga que ser Yolanda Díaz quien encabece el proyecto. Más bien al contrario. Su coordinador federal, Antonio Maíllo, lleva meses defendiendo liderazgos renovados y alertando contra los “hiperliderazgos”. Aunque no suele citar nombres, da por superadas las etapas de Unidas Podemos y Sumar, con Pablo Iglesias, Irene Montero y Yolanda Díaz al frente.
Ayer, incluso, se publicó que Maíllo pedía a Díaz que diera un paso a un lado. Horas después matizó sus palabras, asegurando que todos son necesarios en el nuevo proyecto. Pero mantuvo su tesis: no quiere ni un paso atrás ni un paso al frente. En cualquier caso, en Izquierda Unida aún no apuestan por un nombre concreto y apuestan por un proceso de primarias, la batalla decisiva que resolverá el futuro liderazgo.