La «hormona del amor» se activa también con nuestras mascotas
El 14 de febrero es el día del amor por excelencia y, aunque normalmente se asocia a las parejas, también es una fecha para celebrar el amor en todas sus formas. En este sentido, el estudio «Oxytocin-gaze positive loop and the coevolution of human-dog bonds», publicado en «Science», explica que el vínculo entre los perros y las personas se parece al amor entre humanos, pues ambos comparten bases biológicas asociadas al apego.
Aunque no es idéntico, este amor comparte características fundamentales con el amor humano, y ayuda a explicar por qué muchas personas describen el cariño que sienten por sus animales de compañía de manera similar al que sienten por las personas.
En concreto, la investigación destaca que el contacto visual entre perros y personas aumenta la oxitocina, reforzando el vínculo emocional humano-animal. En los humanos, mirarse a los ojos es una de las señales más potentes de intimidad, confianza y conexión emocional. En cuanto a los perros, estos han desarrollado esta misma forma de comunicación afectiva con las personas, desencadenando una respuesta hormonal idéntica en ambos.
De esta forma se crea un bucle emocional positivo muy similar al que se produce en las relaciones humanas basadas en el afecto. Este mecanismo ayuda a explicar por qué muchas personas sienten que su animal les entiende o les conecta emocionalmente sin necesidad de palabras.
Además de este estudio, investigaciones recientes de neuroimagen también indican que, cuando interactuamos con perros y gatos, se activan en el cerebro redes neuronales implicadas en el apego, la recompensa y la empatía.
En esta línea, la psicóloga colaboradora de la Fundación Affinity Loreto Sánchez reafirma que «el vínculo con un animal de compañía se construye de una forma muy particular: no depende de expectativas, de palabras ni de reciprocidad explícita. Para muchas personas, la relación con su perro o su gato se basa en la convivencia, la presencia y una respuesta emocional constante que se vive como genuina. Esa manera de vincular, más sencilla y menos condicionada, ayuda a explicar por qué este lazo puede tener un peso tan real y significativo en la vida afectiva cotidiana».
En este sentido, se ha demostrado que la conocida como la «hormona del amor» se activa en la relación con los animales de compañía igual que en las relaciones humanas más estrechas –como la maternofilial o de pareja–, reduciendo el estrés y generando bienestar en ambos. Todo esto porque desarrollamos una conexión emocional, fortaleciendo el lazo que establecemos con ellos. Este vínculo, además, tiene características que muchas personas valoran especialmente, pues los animales de compañía no juzgan, no esperan nada a cambio y ofrecen afecto constante, entre otros beneficios.
Una de las personas que experimenta este amor es Susana Hurtado, que convive con su perro desde hace casi 10 años: «El amor que siento por Ónix no necesita palabras: se construye en las miradas, en las rutinas compartidas y en esa presencia silenciosa que te acompaña incluso en los días difíciles. Llegó a mi vida con miedos, cicatrices y una historia de abandono, y aun así decidió confiar; y en ese gesto tan sencillo me enseñó que el cariño sincero también nace de la resiliencia. Con él he aprendido a bajar el ritmo, a disfrutar de lo simple y a sentirme acompañada sin condiciones: un amor que deja huella».