Abrieron un 26 de diciembre con lo justo, casi sin stock, para aprovechar la campaña de Reyes. Fue la forma de terminar de ejecutar una idea que Carlos Vaqué, cirujano digestivo de 35 años con jornada reducida y ahora también librero, puso sobre la mesa hace unos años en una de esas conversaciones intrascendentes mientras te tomas una cerveza con un amigo. El amigo era Santiago Arnés, médico de Urgencias de 41 años, que luce su uniforme de bibliopola un lunes por la mañana y atiende a ABC tras una guardia de 24 horas. Aunque el grueso de clientes se acumula por las tardes, el nuevo negocio de un barrio de Valencia -hasta ahora- huérfano de tiendas independientes y dedicadas exclusivamente a los libros es un ir y venir de representantes de editoriales, de gente de la zona que busca sinergias con otros proyectos culturales o de vecinos y amigos que pasan a saludar y a desear suerte. Todos coinciden en que La Llibreria de Campanar , es un lugar acogedor. «Era justo lo que queríamos, que la gente se sintiera como en el salón de su casa», comenta Santi, orgulloso del paso -casi un salto al vacío- que se atrevieron a dar en verano al ver un local disponible en su barrio: «Era ahora o nunca». Un oasis que nace de la inquietud de dos apasionados de la lectura acostumbrados a ejercer como prescriptores entre sus amigos, pero sobre todo del desencanto, de la necesidad de colgar la bata y buscar una vía de escape al caos, a la presión constante a la que se ven sometidos. Aunque les gusta ejercer la medicina, se sienten maltratados. «Estaba un poco cansado del hospital, de intentar hacer las cosas bien y no poder. El sistema sanitario premia la mediocridad. Cuesta encontrar médicos buenos porque el sistema los machaca. Necesitaba algo que dependiera de mí y me devolviera otra vez la ilusión que tenía cuando empecé a trabajar», explica Carlos. Su compañero coincide en lo frustrante que es no poder atender a los pacientes como merecen y el desgaste que genera una estructura «muy viciada» y la constante «sobrecarga de trabajo«. »No somos máquinas que en diez minutos podemos solucionar un problema», lamenta. No reniegan de su profesión, pero han encontrado una forma de desconectar. ¿Y si esto despega? De momento, están haciéndose al negocio y viendo si puede ser su modo de vida. «No descartamos dedicarnos a esto en exclusiva», aseguran. «Estamos empezando, aprendiendo muchas cosas. El cambio es radical, pero si funciona, yo me lo dejaría», recalca Santi. En una ciudad ya acostumbrada a que los bajos comerciales hayan mutado en apartamentos turísticos, La Llibreria de Campanar nace con la vocación de ser un espacio para compartir experiencias literarias, aunque hay quien ya ha aprovechado para preguntarles por alguna dolencia física. Se lo toman con filosofía. «La idea es que sea un punto de reunión para el barrio. Desde que abrimos, nos están pidiendo hacer actividades, cuentacuentos para los niños, un club de lectura... La gente tenía ganas de tener un lugar así», indica. «Esto no es para mí, es para los demás. Queremos que sea un sitio en el que se genere una comunidad. No se trata solo de despachar, sino también de hacer cultura», sostiene Carlos. Nosotros les pedimos que nos 'receten' remedios para el desánimo, el desamor, el tedio o el pesimismo. Nos recomiendan novedades, ediciones especiales, libros de moda agotados por el boca oreja... Pese a todo, aún tienen tiempo para leer.