El Benfica - Real Madrid se para por un insulto racista a Vinicius
El Estadio Da Luz vivió uno de esos momentos que desbordan el fútbol. El partido par porque Vinicius Júnior corrió hacia el árbitro François Letexier con el dedo apuntando a un jugador rival, con la cara desencajada, con algo que decir que no tenía nada que ver con esquinas ni fueras de juego. El protocolo antirracismo se activó en el minuto 51 y el Da Luz se congeló.
Pero para entender lo que pasó, hay que contar cómo se llegó hasta ahí.
El Real Madrid llegó a Lisboa con la memoria del partido de ida todavía fresca, como una herida. Aquella actuación había sido tan floja que el regreso al Da Luz casi obligaba a demostrar que aquello fue una anomalía. Y durante los primeros minutos, el Benfica no facilitó precisamente la rehabilitación. Los portugueses salieron con intensidad, atacando por la banda derecha con Prestianni y aprovechando la cobertura histórica de Vinicius. Ya lo había advertido Mourinho antes del partido: sabían exactamente por dónde hacer daño.
En el minuto tres, Rüdiger tuvo que aparecer para cortar un pase peligrosísimo de Aursnes dentro del área. El alemán, providencial. Fue una advertencia clara de que la noche no iba a regalar nada.
Sin embargo, el Madrid fue ajustándose. Camavinga bajó a cubrir a Carreras en el costado izquierdo para compensar el pobre trabajo defensivo de Vinicius, un sacrificio táctico enorme del francés que terminó siendo la clave para que Prestianni fuera desapareciendo del partido. El equipo de Álvaro Arbeloa tomó el control de la pelota con paciencia, moviéndola de lado a lado, sin precipitarse, esperando los espacios. Tácticamente irreconocible respecto a la visita anterior.
Paradón de Courtois
En el minuto 23 llegó el susto más serio de la primera parte: disparo de Aursnes que rozó en alguien y cambió de trayectoria, ajustado al palo. Courtois reaccionó de manera extraordinaria. Fue una de esas paradas que no ocupan portadas pero que definen partidos.
El Real Madrid siguió llegando. Mbappé tuvo varias, demasiadas para un delantero de su categoría. Al larguero, bloqueado, fuera. Arda Güler también probó con un zurdazo en el 44 que Trubin despejó de manera sensacional. El portero ucraniano fue el mejor del Benfica durante toda la primera mitad, el muro que mantuvo intacto el cero en el marcador cuando el partido ya parecía inclinarse claramente hacia el Madrid.
Al descanso, empate sin goles. El marcador mentía un poco.
La segunda parte arrancó con el Benfica pidiendo penalti por una caída de Pavlidis sobre Rüdiger, pero había fuera de juego previo de Rafa Silva y Letexier no dudó. El Madrid retomó el hilo del partido y en el 49, llegó el gol.
Prestianni, a por Vinicius
Vinicius recibió un balón, hizo la diagonal hacia dentro del área y sacó un disparo perfecto, ajustadísimo, a la escuadra. Imparable. El 0-1 que el juego venía reclamando desde hacía mucho tiempo. El delantero se fue a celebrarlo con los aficionados del Real Madrid y ahí empezó todo lo demás.
Prestianni fue a por él. No de una manera habitual, no en el calor normal de un gol encajado. Fue a por Vinicius de una manera que encendió todas las alarmas. El árbitro mostró la amarilla al brasileño por la celebración y el ambiente en el estadio se calentó de golpe. Pero lo que vino después fue más grave.
En el minuto 51, Vinicius se acercó a Letexier, el árbitro. Lo buscó con determinación, señalando hacia la zona donde estaba Prestianni, y le comunicó que había recibido un insulto racista. El árbitro frances detuvo el partido. El protocolo antirracismo, ese mecanismo que existe precisamente para estos momentos, se activó en el Estádio da Luz.
El partido se paró. Los jugadores quedaron en el campo sin saber muy bien qué hacer con las manos. El estadio, que segundos antes rugía, se encontró de repente frente a algo diferente, algo que obliga a otro tipo de silencio. En el minuto 52, para añadir más tensión al momento, uno de los miembros del cuerpo técnico de Mourinho fue expulsado en medio del lío que se montó entre ambos banquillos.
Vinicius lleva tiempo siendo protagonista de estos episodios. No es la primera vez que señala, que para, que obliga al mundo del fútbol a mirarse al espejo. Esta vez, en Lisboa, con el partido recién abierto y un gol que ya suma el undécimo de la temporada en Champions, con once asistencias también en su cuenta, el atacante de São Gonçalo volvió a hacer lo que considera su obligación: no callarse.
El partido, después, se reanudó.