«Llevar la ropa a la parroquia». Hay costumbres 'de toda la vida' que esconden mucho más de lo que imaginamos, igual que los 9.000 contenedores rojos dispuestos calladamente para ello en las iglesias y otros puntos públicos de todo el país. Detrás está la mayor gestora de residuo textil de España, que además de ocuparse de esta parte ingente y creciente de nuestra basura -900 mil toneladas al año- lo hace con responsabilidad social y medioambiental : todo lo que recoge se reutiliza o se recicla, y en el proceso se da empleo a cientos de personas de colectivos vulnerables. Esta empresa se llama Moda re- , y pertenece a Cáritas, la organización de la Iglesia Católica que vertebra sus acciones caritativas y sociales. Pero su trabajo está completamente profesionalizado, alcanza y beneficia a todas las personas sin distinción y es de rabiosa actualidad en tiempos amenazados por el consumismo, el 'fast fashion', la contaminación y la pobreza. Esta cooperativa sin ánimo de lucro tiene más de 30 años de experiencia en gestión del textil. Comenzó poniendo orden y recursos en la labor de recogida y reparto que hacían los voluntarios de los roperos parroquiales. Hoy las cosas han cambiado completamente. El circuito se apoya en cuatro plantas de tratamiento -en Sabadell, Madrid, Ribarroja del Turia y Munguía, a las que se sumará una quinta en Santiago de Compostela- y 1.600 empleados , más de 900 de ellos de inserción . Pero además, el futuro que tienen esas prendas descartadas es mucho más variado y complejo. Una buena parte de la ropa se higieniza y acondiciona para su reventa en las 190 tiendas y puntos de venta de segunda mano que posee Moda re- en más de 100 ciudades de todo el mapa. Aunque en España debe luchar contra el estigma de la ropa usada (en otros países de Europa es al contrario, por eso se exporta), la entidad vive del 'retail' y de las subvenciones públicas que recibe por su rol en la inserción social. Es en esas mismas tiendas donde ahora se efectúan también las donaciones a quienes necesitan vestimenta. La entrega se ha dignificado. Se hace a través de un código QR que funciona como una tarjeta de crédito con la que se 'paga' la ropa que esas personas eligen libremente de los percheros y mostradores como un cliente más. Pero no estamos hablando solo de camisetas, faldas y pantalones. En los contenedores rojos se puede -y debe- dejar todo el textil que se desecha , independientemente, por otra parte, de su estado. Los tejidos en sí mismos tienen una segunda vida que la mayoría de los consumidores desconoce, reconvertidos en otros productos gracias a la reutilización de sus fibras (solo posible en algunos textiles, la bajada de calidad de la ropa actual y el mayor uso de materiales sintéticos hace que esto sea cada vez más difícil) o en energía calorífica a través de un procesamiento químico e industrial de última tecnología. Nada de lo que maneja la entidad -que en 2025 superó los 50,9 millones de kilos recogidos- va a un vertedero para su quema al aire libre. Economía circular, que, en Moda re-, se une al empleo social. Conviven en su plantilla profesionales especializados con personas que vienen de situaciones complicadas (exclusión, violencia, trata, adicciones, paro o bajas de larga duración, entre otras) y que reciben formación a la vez que una oportunidad laboral. Están una media de año y medio y un máximo de tres años, con lo cual la empresa debe ajustar su desempeño a esta rotación y a su finalidad social ineludible. «Operamos en un entorno altamente competitivo . Somos una cooperativa de iniciativa social, pero formamos parte del mercado y competimos con operadores cuyo objetivo es estrictamente económico. Eso nos obliga a ser eficientes y económicamente sostenibles. La rentabilidad, en nuestro caso, no es un fin en sí mismo, sino la garantía de continuidad de nuestro impacto social. Para mantener la confianza de la ciudadanía, debemos ofrecer un servicio profesional, transparente y de máxima calidad en la gestión«, explica Noema Paniagua, directora de Moda re-. Sumado a ello, el sector vive un momento de transformación profunda, motivada por la entrada en vigor de la Ley 7/2022 de residuos y su desarrollo reglamentario en materia de recogida textil. El nuevo modelo amplía el número de actores implicados y consolida el principio de Responsabilidad Ampliada del Productor (SCRAP) , por el cual los fabricantes deberán contribuir a la financiación de la gestión del residuo generado por sus productos. En este sentido, «desde Moda re- ya trabajamos con grandes compañías de 'retail' en diferentes proyectos orientados a optimizar la recogida, mejorar la trazabilidad y avanzar en soluciones de reutilización y reciclaje textil, entendiendo el residuo no como un desecho, sino como un recurso estratégico dentro de la economía circular. Este nuevo escenario normativo abre una etapa de mayor estructuración y profesionalización del sistema, en la que será clave la colaboración entre administraciones públicas, industria y operadores especializados», añade Paniagua. Actualmente, solo una prenda desechada de cada diez -100 mil toneladas de las 900 mil que generamos de ese tipo de basura- se recupera, y vuelve de alguna forma al circuito en lugar de acabar en vertederos. Aunque la compra selectiva (mirando componentes y origen en la etiqueta) y de menor volumen es el compromiso que debe asumir el consumidor, echar la bolsa en el contenedor ayuda más que nunca.