A nadie le amarga un dulce, por Asia: los 5 postres más queridos en todo Jordania
Si la repostería europea es puro arte, la asiática no se queda atrás, y en concreto la jordana tiene todos estos platazos
A nadie le amarga un dulce por Asia: los 5 postres más reconocidos en toda Arabia Saudí
Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente asiático, Jordania juega en otra liga. Su historia culinaria, influida por la tradición levantina y por siglos de intercambio cultural, explica por qué los dulces jordanos giran en torno a la sémola, el queso, los frutos secos y el almíbar. Aquí lo dulce no es capricho: es parte esencial del ritual de bienvenida y de la vida familiar.
En este recorrido por la repostería jordana asoman nombres que cualquier viajero ha visto —o probado—: el knafeh, el maamoul o el qatayef, dulces que no se entienden sin su contexto social. Jordania puede dividirse por desierto y ciudad, pero hay algo que la mantiene unida: su forma generosa de ofrecer algo dulce junto al café.
1. Knafeh
El postre más emblemático del país. Se elabora con una base de queso suave cubierta de masa fina o hilos crujientes, todo empapado en almíbar y espolvoreado con pistacho. Se sirve caliente y es inseparable de celebraciones y reuniones familiares.
2. Maamoul
Galletas rellenas de dátiles o frutos secos, con formas decoradas. Se preparan especialmente en fiestas religiosas y son uno de los dulces más habituales en las mesas festivas.
3. Qatayef
Pequeñas tortitas rellenas de nueces o crema, fritas o dobladas en frío y bañadas en almíbar. Son tradicionales del mes de Ramadán y muy populares en mercados nocturnos.
4. Basbousa
Pastel de sémola empapado en almíbar aromatizado con azahar o agua de rosas. Sencillo y muy presente en celebraciones, es uno de los clásicos de la repostería levantina.
5. Halawa
Dulce denso elaborado con pasta de sésamo y azúcar. Se corta en porciones y se consume como postre o acompañando el café. Es uno de los sabores más tradicionales de la región.
Jordania demuestra que el postre es hospitalidad. Sus dulces hablan de café compartido, de sobremesa larga y de una tradición donde ofrecer algo dulce no es opcional. A veces, entender un país empieza por aceptar el pequeño bocado que siempre acompaña la conversación.