La inmundicia del caso Epstein
FIRMAS PRESS.- Aunque a estas alturas no tenía por qué sorprender a nadie, las primeras informaciones sobre el arresto en el Reino Unido del expríncipe Andrés causaron conmoción internacional. No es la primera vez que una familia real europea se ve envuelta en un escándalo, pero, hasta ahora, los delitos y faltas cometidos por miembros de las respectivas realezas se han solucionado al verse apartados de sus funciones u obligados a un acto de contrición pública. Lo novedoso es pasar por comisaría antes de ser puesto en libertad mientras se lleva a cabo una investigación por conducta inapropiada en cargo público.
La caída del hermano del actual rey, Carlos III, parecía inevitable por su implicación en la red que manejaba el estadounidense Jeffrey Epstein, quien se quitó la vida en una prisión de Nueva York antes de ser juzgado por diversos crímenes, algunos tan graves como trata de blancas y pederastia.
Desde hace tiempo se sabía que Epstein manejaba una elaborada trama de tráfico de influencias con personajes de la élite financiera, tecnológica, política, artística, académica y hasta con la nobleza europea. El astuto hombre de negocios se codeó con ricos y famosos a los que atraía y hacía favores que han aflorado en los llamados “Papeles Epstein”, una cantidad ingente de documentos que exponen hechos graves y salpican a figuras de renombre internacional.
Uno de los cebos que el empresario tendía con la colaboración de su novia, la británica Ghislaine Maxwell (quien actualmente cumple condena), era el suministro de mujeres jóvenes, algunas sin alcanzar la mayoría de edad.
La pareja organizaba juergas para hombres que visitaban su isla privada y otras mansiones en las que recibían a los amigos VIP. No toda persona que trató a Epstein se implicó en actos criminales, pero abundan las fotos y comunicaciones que dejan al descubierto las estrechas relaciones que cultivó con figuras como el expresidente Bill Clinton y el actual mandatario estadounidense, Donald Trump; con el académico marxista Noam Chomsky y el expresidente de la Universidad de Harvard, Larry Summers; los magnates tecnológicos Bill Gates y Elon Musk, o el cineasta Woody Allen, entre otros. El grado de influencia de Epstein abarcaba relaciones con el gobernante ruso, Vladimir Putin, y con el Mossad, el servicio de inteligencia exterior de Israel.
A medida que se desclasifican los comprometedores papeles, se han revelado más detalles de los lazos de Andrés Mountbatten-Windsor con Epstein, un escándalo mayúsculo del que tampoco se libra la casa real noruega debido a los mensajes subidos de tono entre la princesa consorte, Mette Marit, y el empresario.
En cuanto al hermano defenestrado de Carlos de Inglaterra, desde hace años arrastra el estigma del caso Epstein, que comenzó a desenredarse cuando el financiero fue acusado por primera vez en 2005 de agresión sexual a una menor.
A pesar de que ya se tenía conocimiento de la red de abusos que encabezaba, Andrés siguió frecuentándolo y dejándose fotografiar con menores como Virginia Giuffre, quien tiempo después lo acusó de haber tenido sexo con ella en una de las casas de su dadivoso anfitrión. Antes de que la mujer se suicidara en Australia a los 41 años, Isabel II ayudó económicamente a su hijo para sufragar los costos millonarios de un acuerdo extrajudicial que se alcanzó con Giuffre.
Lo que estamos presenciando hoy, el desahucio social y la rendición de cuentas ante la justicia del noble despojado de todos sus títulos, no obedece tanto al sentido del deber de una monarquía transparente, sino al callejón sin salida en el que se encuentra la institución por un escándalo de inmensas proporciones que destapa un hábitat tóxico de privilegio e impunidad. Los implicados en esta trama global parecían muy seguros de poder salirse con la suya hicieran lo que hicieran.
Más allá del horrendo abuso a jóvenes tratadas como mercancía desechable, el caso Epstein deja al descubierto la arrogancia de un club selecto de hombres, convencidos de que podían campar a sus anchas saltándose las normas más elementales de la decencia. Debajo del oropel había una montaña de inmundicia.
Red X: @ginamontaner
Gina Montaner es periodista y escritora. Desde hace más de cuatro décadas publica una columna semanal en ‘El Nuevo Herald’ y en diversos periódicos en América Latina. Su libro más reciente es ‘Deséenme un buen viaje. Memorias de una despedida’ (Planeta 2024).