José Mari Bakero, ex del Barcelona, no se calla contra Lamine Yamal por enfadarse al ser sustituido
No todo fue alegría en el Camp Nou. El Barcelona ganó 3-0 al Levante y recuperó el liderato de LaLiga, pero la imagen de Lamine Yamal abandonando el campo en el minuto 87 con gesto serio dejó un poso incómodo en una noche que debería haber sido de celebración sin matices. El extremo, sustituido por Roony Bardghji junto a Gerard Martín, se sentó en el banquillo con el semblante cerrado mientras el Levante intentaba un último robo en los minutos finales. La cámara lo encontró inmóvil, con la mirada perdida y el ánimo muy lejos de la euforia que reinaba en las gradas.
Un partido irregular
A lo largo del partido, Lamine había ofrecido una versión por debajo de su nivel. Ccompletó apenas cuatro regates de once intentados y ninguno de sus tres remates encontró la portería de Ryan. En el minuto 35 perdió el balón al intentar irse de tres defensores dentro del área. En el 41, soltó el brazo en una disputa con Iván Romero y el árbitro tuvo que intervenir. Intentó una picadita sin ángulo, buscó la diagonal imposible, probó la rosca. Nada funcionó. Fue una amenaza constante sobre el papel, pero un jugador demasiado optimista en la toma de decisiones para los estándares que él mismo se ha marcado esta temporada.
El enfado de Bakero
Flick lo aguantó hasta el 87. Cuando llegó la orden de salir, Lamine no la recibió precisamente con una sonrisa. Y esa imagen, breve pero elocuente, fue suficiente para encender la conversación en los micrófonos de la Cadena SER, donde José Mari Bakero, ex del Barcelona, no se anduvo con rodeos.
"Estoy aburrido de los jugadores que se enfadan cuando se cambian, es una falta de respeto a los compañeros", dijo el ex centrocampista del Barcelona. Bakero fue más allá y amplió el foco de su crítica: "Aburrido de escuchar 'el entorno' o 'el club dice'".
Lo significativo del episodio no es que Lamine estuviera serio, sino cuándo y por qué lo estaba. El Barcelona acababa de ponerse 3-0 con el golazo de Fermín López en el 81, el liderato estaba prácticamente en el bolsillo y el partido no tenía ninguna historia pendiente por resolver. En ese escenario, la sustitución era lo más lógico del mundo: un jugador que no había estado fino, en un partido controlado, con tres puntos asegurados.
Tampoco encajaba del todo con lo que había mostrado sobre el césped. El extremo estuvo lejos de su mejor versión durante los 87 minutos que disputó. Casi la mitad de los ataques del Barça llegaron por su banda, lo que revela que el equipo siguió buscándolo aunque él no estuviera en su mejor momento. Flick confió en él durante casi todo el partido y lo retiró cuando el resultado ya no requería más esfuerzo de nadie. Eso, en el fútbol de alto nivel, se llama gestión. Y poner mala cara ante la gestión es, como señaló Bakero, una forma de falta de respeto hacia los compañeros que siguen en el campo.
Lamine Yamal es el jugador más determinante del Barcelona desde hace dos temporadas. Eso le da un crédito enorme, pero no ilimitado. Los grandes del Camp Nou han visto pasar a suficientes cracks como para saber que el talento sin actitud tiene fecha de caducidad, y que los gestos en el banquillo hablan tan alto como los goles. Y esta vez no hubo goles.