Qué tienen en común una gélida mañana de invierno y la explosión de frescor de un caramelo de menta en la boca. En ambas situaciones, un diminuto sensor molecular se activa en el cuerpo para alertar al cerebro de la sensación de frío. Ahora, un grupo de científicos ha capturado las primeras imágenes detalladas de este sensor en funcionamiento, que revela exactamente cómo detecta tanto el frío real como la sensación de frescor del mentol, un compuesto derivado de la menta. El estudio, que se presentará en la 70.ª Reunión Anual de la Sociedad Biofísica en San Francisco, del 21 al 25 de febrero de 2026, se centró en un canal proteico llamado TRPM8. «Imagina que TRPM8 es un termómetro microscópico dentro de tu cuerpo . Es el sensor principal que le dice a tu cerebro cuándo hace frío. Sabemos desde hace mucho tiempo que esto ocurre, pero no sabíamos cómo. Ahora podemos verlo», asegura Hyuk-Joon Lee, investigador postdoctoral del laboratorio de Seok-Yong Lee en la Universidad de Duke. El TRPM8 se encuentra en las membranas de las neuronas sensoriales que habitan en la piel, la boca y los ojos . Responde al frío abriéndose y permitiendo que los iones fluyan hacia la célula, lo que desencadena una señal nerviosa al cerebro. También es la razón por la que el mentol, el eucalipto y otros compuestos producen en la boca esa sensación refrescante tan característica. « El mentol es como un truco . Se adhiere a una parte específica del canal y provoca su apertura, como lo haría el frío. Así que, aunque el mentol no congela nada, el cuerpo recibe la misma señal que si tocara hielo«, explica Lee. Mediante criomicroscopía electrónica (una técnica que genera imágenes de proteínas congeladas instantáneamente con un haz de electrones), Lee y sus colegas capturaron múltiples instantáneas de TRPM8 durante su transición de cerrado a abierto. Descubrieron que el frío y el mentol activan el canal a través de redes compartidas, pero distintas: el frío desencadena principalmente cambios en la región del poro (la parte que se abre para permitir el paso de iones), mientras que el mentol se une a una parte diferente de la proteína e induce cambios de forma que se propagan al poro. «Cuando se combina el frío con el mentol, la respuesta se potencia sinérgicamente. Usamos esta combinación para capturar el canal en su estado abierto, algo que no se había logrado con el frío solo«, detalla Lee. Los hallazgos tienen implicaciones médicas. Patologías como dolor crónico , migrañas, ojo seco y ciertos tipos de cáncer se han relacionado con el funcionamiento incorrecto del TRPM8. De hecho, Acoltremon es un colirio aprobado por la FDA para el tratamiento del ojo seco que activa el TRPM8. Como análogo del mentol, actúa activando la vía de enfriamiento para estimular la producción de lágrimas y aliviar la irritación ocular. Los investigadores también identificaron lo que llaman «punto frío», una región específica de la proteína que es especialmente importante para detectar la temperatura y ayuda a evitar que el canal se desensibilice durante la exposición prolongada al frío. «Anteriormente, no estaba claro cómo el frío activa este canal a nivel estructural. Ahora podemos ver que el frío desencadena cambios estructurales específicos en la región del poro. Esto nos sienta las bases para desarrollar nuevos tratamientos dirigidos a esta vía«, añade Lee. El trabajo ofrece la primera definición molecular de cómo se integran el frío y los estímulos químicos para crear la sensación de frescor, y responde a una pregunta fundamental en biología sensorial que ha desconcertado a los científicos durante décadas.