Sócrates: "No hay que dejar que crezca la hierba en el camino de la amistad"
Con esta frase sencilla pero potente, Sócrates resumía una de sus grandes enseñanzas sobre las relaciones humanas: la amistad no es algo que se conserva sola, necesita cuidado constante.
Una metáfora que sigue vigente más de dos mil años después
La frase atribuye a la amistad un camino que, si no se transita con frecuencia, acaba cubierto de hierba. Es decir, si no se cultiva el vínculo, si no se comparte tiempo, conversación y presencia, la relación termina por debilitarse.
Para Sócrates, que vivió en la Atenas del siglo V a. C., el diálogo era la base de todo aprendizaje y también el fundamento de los lazos personales. Su método, basado en preguntar, escuchar y reflexionar, no solo buscaba la verdad filosófica, sino también fortalecer la conexión entre las personas.
En una sociedad donde la vida pública, la política y el debate eran esenciales, la amistad se entendía como una forma de crecimiento mutuo. No era un simple acompañamiento emocional, sino una relación activa que exigía compromiso.
La amistad como ejercicio consciente
El pensamiento socrático plantea una idea clara: las relaciones no se sostienen únicamente por el afecto inicial. El paso del tiempo, la rutina, la distancia o las prioridades cambiantes pueden erosionar incluso los vínculos más sólidos.
Dejar que “crezca la hierba” significa permitir que el silencio se prolongue, que las conversaciones se pospongan indefinidamente o que los malentendidos no se aclaren. Frente a eso, la propuesta es sencilla pero exigente: mantener el contacto, interesarse genuinamente por el otro y no dar por sentado el vínculo.
En tiempos actuales, marcados por la hiperconectividad digital pero también por la falta de profundidad en las relaciones, la advertencia de Sócrates resulta especialmente pertinente. Tener muchos contactos no equivale a tener amistades cultivadas.
Aplicar la enseñanza en el día a día
Llevar esta idea a la práctica implica pequeños gestos constantes:
- Escribir o llamar sin un motivo concreto.
- Proponer un encuentro antes de que pasen meses.
- Resolver tensiones con diálogo en lugar de silencio.
- Mostrar interés real por los cambios y desafíos del otro.
La amistad, entendida desde esta perspectiva, se convierte en una decisión continua. No basta con haber compartido una etapa vital; es necesario seguir recorriendo el camino juntos.
Una lección atemporal
Aunque la frase fue pronunciada hace más de dos milenios, su mensaje atraviesa generaciones. Sócrates defendía que la vida buena estaba ligada al conocimiento, pero también a la calidad de las relaciones que la sostienen.
“No hay que dejar que crezca la hierba en el camino de la amistad” no es solo una advertencia, sino una invitación: cuidar a quienes forman parte de nuestra historia antes de que el paso del tiempo convierta el sendero en un terreno olvidado.
En un mundo acelerado, donde las prioridades cambian con rapidez, la filosofía socrática recuerda algo esencial: las amistades no se pierden de golpe, se descuidan poco a poco. Y evitarlo depende, en gran medida, de cada uno de nosotros.