La Policía no se merece una cúpula política y machista al servicio de Sánchez
En torno a Fernando Grande-Marlaska, y en relación al ex DAO, no solo hay una responsabilidad ministerial sobre todo lo que rodea a la presunta agresión sexual de su "número dos". A Marlaska también hay que señalarle como responsable de una arquitectura de lealtades construida durante años en la cúpula policial que funciona como escudo, filtro y cortafuegos. Esa arquitectura tiene un rasgo común, que también se percibe en otras jerarquías institucionales: es abrumadoramente masculina en su peor sentido, es decir, machista y paternalista sobre la mujer.
Por tanto, el caso del ex DAO es una buena oportunidad para denunciar el machismo estructural en la cúpula policial. Las Fuerzas de Seguridad han avanzado en presencia femenina en la base, pero la alta jerarquía sigue siendo un espacio dominado por hombres. No es una cuestión estética, es cultural. Y en los escalones superiores se premia la obediencia vertical, se protege la reputación corporativa, se penaliza la disidencia interna y se desactiva la denuncia incómoda.
El resultado es un sistema cerrado donde el poder se mueve en círculos reducidos y donde el acceso femenino a la verdadera toma de decisiones sigue siendo marginal (¿os suena a alguna de las que me leáis?). Por tanto, no estamos solo ante un problema de igualdad, sino también ante un problema de opacidad y concentración de poder.
Nuestro policías, servidores públicos de primer nivel en ejemplaridad ética y en profesionalidad, no se merecen a algunos de sus mandos. Tampoco se merecen que cada vez que estalla un caso que afecta a la cúpula, ya sea por fallos en protocolos internos, denuncias de acoso o irregularidades, se repita siempre el mismo patrón: cierre de filas, minimización del problema, y traslado de responsabilidad hacia abajo.
En todo este escándalo no hay que olvidad la cuestión principal: Marlaska no solo dirige la cúpula, depende de ella. El ex DAO, al que el ministro blindó en el cargo, maneja información extremadamente delicada sobre investigaciones en curso, sobre inteligencia sensible, sobre informes internos, sobre información política estratégica, y hasta sobre temas personales que afectan al ministro o al presidente del Gobierno y a su familia.
En cualquier Gobierno, quien controla los flujos de información controla el margen de maniobra del Ejecutivo. Y en el caso de Pedro Sánchez, el Ministerio del Interior es una pieza clave por los casos judicializados que afectan a su partido o a su propia persona. El ex DAO debía garantizar una cúpula homogénea, cerrada y leal al ministro, un núcleo de poder con capacidad de proteger, filtrar o contener crisis. Por supuesto que el modelo se ha repetido en todos los Gobiernos ("policía patriótica" de Mariano Rajoy), pero esto no quita para que hoy se señale a quienes servían igual de mal que los que estuvieron en el pasado y sí fueron señalados por la izquierda y por sus hoy socios.