Lucía Dominguín transforma la Casa Azul en Turégano: la historia oculta tras la antigua fábrica de harinas
Lucía Dominguín y la Casa Azul: de fábrica de harinas a icono cultural en Turégano
La casa segoviana de Lucía Dominguín se levanta en Turégano, municipio de la provincia de Segovia con poco más de mil habitantes, según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística. En este entorno rural, dominado por la silueta del castillo medieval, se encuentra el inmueble conocido popularmente como la Casa Azul.
Antes de convertirse en espacio artístico, el edificio fue una harinera construida en los años veinte. La actividad industrial cesó en 1955. Durante décadas permaneció sin uso relevante hasta que Lucía Bosé decidió adquirirlo para transformarlo en un ambicioso centro cultural.
Ese proyecto tomó forma como el Museo de los Ángeles de Arte Contemporáneo, un espacio de más de 1.000 metros cuadrados dedicado a la exhibición de obras contemporáneas. La iniciativa, impulsada por la matriarca de la familia Bosé Dominguín junto a su hija Paola Dominguín, supuso una inversión superior a 600.000 euros para su acondicionamiento. El mantenimiento anual alcanzaba cifras cercanas a los 240.000 euros, un coste difícil de sostener a largo plazo.
Un legado artístico con más de un centenar de obras
Durante su etapa como museo, la Casa Azul llegó a albergar más de cien piezas de arte contemporáneo. Entre los autores representados figuraban nombres como Cristina Almodóvar, Lolo Pavón o Esperanza Asensi. El edificio se estructuró en tres plantas diáfanas que permitían recorridos expositivos amplios y luminosos.
Las salas fueron diseñadas para potenciar la experiencia sensorial del visitante. Algunas estancias apostaban por colores intensos, como una emblemática sala dominada por el rosa, donde paredes y suelos formaban parte del discurso artístico. Otras mantenían una estética más neutra, centrada en resaltar las obras.
El museo cerró sus puertas en 2007. Las dificultades económicas y la complejidad logística de mantener un espacio cultural de esas dimensiones en un entorno rural precipitaron la decisión. Durante años, el inmueble estuvo en venta.
La herencia de Lucía Bosé y el regreso de Lucía Dominguín a Turégano
Tras el fallecimiento de Lucía Bosé el 23 de marzo de 2020, la casa segoviana de Lucía Dominguín pasó a formar parte de la herencia familiar. Finalmente, fue ella quien decidió instalarse de manera permanente en el inmueble en 2025.
La elección no fue casual. Según ha explicado en distintas entrevistas, era la única de los hermanos interesada en vivir allí de forma estable. El regreso a Turégano supone también una conexión directa con el legado cultural y emocional de su madre.
Vistas al castillo y vida rural
Uno de los elementos más destacados de la vivienda son sus vistas al castillo de Turégano. Desde el dormitorio principal, la fortaleza iluminada se convierte en un punto focal que refuerza el carácter histórico del entorno. La ubicación, rodeada de campo, facilita una vida marcada por la tranquilidad y el contacto con la naturaleza.
La proximidad con Brieva, localidad donde Lucía Bosé residió durante más de veinte años y donde reposan sus cenizas, añade una dimensión simbólica al regreso. La artista italiana eligió ese municipio segoviano como lugar de descanso definitivo, consolidando el vínculo familiar con la provincia.
En la actualidad, Lucía Dominguín mantiene parte de la estructura museística original. Muchas salas conservan su configuración expositiva y las obras permanecen distribuidas por distintas estancias. Ella misma se encarga del cuidado y mantenimiento de las piezas.
Una nueva etapa para la casa segoviana de Lucía Dominguín
La transformación del antiguo museo en residencia privada no ha eliminado su esencia artística. Al contrario, la vivienda funciona como un espacio híbrido entre hogar y galería. La presencia constante de esculturas, instalaciones y pinturas configura un entorno singular en el panorama rural español.
El inmueble cuenta además con un amplio terreno exterior donde en su día se organizaron actividades culturales y encuentros vinculados al arte contemporáneo. Aunque hoy su uso es estrictamente privado, la huella de aquella etapa sigue visible en la distribución y diseño del conjunto.
La casa segoviana de Lucía Dominguín simboliza así la evolución de un proyecto cultural ambicioso hacia una etapa más íntima y personal. De fábrica de harinas a museo de arte y finalmente a refugio familiar, el edificio resume casi un siglo de historia en Turégano.
En un contexto donde muchas iniciativas culturales rurales han desaparecido por falta de recursos, este espacio se mantiene como testimonio de una apuesta singular por el arte contemporáneo fuera de los grandes núcleos urbanos. Ahora, bajo la mirada de Lucía Dominguín, inicia una etapa centrada en la memoria, el legado y la vida tranquila en el entorno segoviano.
La casa segoviana de Lucía Dominguín no es solo una vivienda. Es el resultado de una herencia artística, una inversión cultural y una decisión personal que redefine el significado del patrimonio familiar en pleno corazón de Segovia.