Una quimera electoral
Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Haití tiene ya una fecha prevista para la celebración de elecciones, lo que se constituye en un paso importante, si no para la superación de la profunda crisis que afecta al país vecino, para el establecimiento de un gobierno menos frágil al frente de los asuntos públicos.
La conclusión del mandato del Consejo Presidencial de Transición ha dejado al frente del Gobierno al primer ministro Alix Didier Fils-Aimé, quien tiene la ventaja de haber sido parte de una administración colectiva en la que conoció afinidades y encontronazos, dos elementos comunes en toda gestión de gobierno.
Si estas experiencias le sirven para establecer alianzas provechosas sobre la base de las aspiraciones, ambiciones y buena disposición de los sectores representados en el desaparecido consejo, es posible que avance sin contratiempos insalvables en un pueblo de tan difícil gestión, como lo es el haitiano.
Lo contrario, si se vale de la posición y del aparente monopolio que ahora tiene para la administración pública, con suerte le alcanzará el tiempo para cumplir con el deber de organizar unas elecciones que tal vez sirvan para algo más que darle algún sentido de legitimidad al gobierno llamado a sucederle.
El Pacto Nacional para la Estabilidad y la Organización de Elecciones en el que se comprometió ayer la política haitiana debe de ser una de las pocas vías posibles para dar por lo menos un paso en busca de una salida.
Lo otro es el estancamiento permanente de las vías legales haitianas, que sólo servirá para mantener la caótica situación de bandas armadas, secuestros e inseguridad permanente.
Para quienes miran desde fuera puede ser importante una inquietud, posiblemente razonable: ¿será posible para el Consejo de Ministros que encabeza Alix Didier Fils-Aimé “gobernar” Haití y crear las condiciones para la celebración de elecciones sin un profundo compromiso internacional?
Esto parece una quimera.
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