No es todos los días: ¿con qué frecuencia se debería fregar el suelo?
El suelo es una de las superficies que más uso soporta a diario. Huellas, polvo, restos de comida, pelos de mascota o pequeñas salpicaduras se acumulan casi sin que nos demos cuenta. Sin embargo, entre el trabajo, la familia y otras responsabilidades, no siempre resulta sencillo establecer una rutina de limpieza constante. La pregunta es inevitable: ¿cada cuánto tiempo conviene fregar realmente?
Aunque no existe una respuesta única válida para todos los hogares, los expertos en higiene doméstica coinciden en una regla orientativa que puede servir como punto de partida.
Como norma básica, se recomienda fregar el suelo aproximadamente una vez por semana. Esta frecuencia permite eliminar la suciedad acumulada antes de que se incruste, mantener una sensación de limpieza y evitar la proliferación de microorganismos en zonas húmedas como la cocina o el baño.
Ahora bien, esta pauta es flexible. En algunos hogares puede ser suficiente hacerlo cada dos semanas, mientras que en otros será necesario repetir la limpieza incluso dos veces por semana. La clave está en observar el entorno y adaptar la rutina a las circunstancias reales.
Algunas señales claras de que el suelo necesita una limpieza a fondo son:
- Aspecto apagado o sin brillo.
- Acumulación visible de polvo o cabellos.
- Manchas pegajosas o restos de comida.
- Juntas oscurecidas en el caso de los azulejos.
Las personas con alergias al polvo o a los ácaros suelen notar antes los efectos de un suelo sucio, ya que la acumulación de partículas puede empeorar los síntomas.
¿Qué tener en cuenta para saber cuándo fregar?
Cuantas más personas transiten por una vivienda, más rápido se ensuciará el suelo. En un hogar donde vive una sola persona, puede bastar con fregar cada dos semanas, siempre que se aspire con regularidad. En cambio, en familias con niños pequeños, la actividad constante hace recomendable una limpieza semanal o incluso más frecuente en determinadas estancias.
No todas las habitaciones requieren la misma atención. Dormitorios poco utilizados o despensas suelen ensuciarse menos. Por el contrario, el pasillo, la cocina y el baño concentran la mayor parte del tránsito y la humedad, por lo que conviene vigilarlos más de cerca.
La cocina, por ejemplo, acumula grasa microscópica y restos de alimentos que pueden adherirse al pavimento. El baño, por su parte, combina humedad y residuos de productos, lo que favorece la aparición de manchas si no se limpia con cierta regularidad.
Perros, gatos y otros animales domésticos incrementan notablemente la suciedad diaria: pelos, huellas, arena o pequeñas manchas de agua son habituales. En estos casos, aspirar a diario y fregar más de una vez por semana puede ser necesario para mantener la higiene.
Antes de fregar: aspirar siempre
Un paso fundamental que a menudo se pasa por alto es aspirar o barrer antes de pasar la fregona. Eliminar polvo, arena y residuos sólidos evita que se formen manchas al mezclarse con el agua y protege el suelo de posibles arañazos.
Organismos como el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo recomiendan mantener una limpieza regular de superficies para reducir la acumulación de alérgenos y partículas en suspensión, algo que comienza por una buena aspiración previa.
El material importa. No todos los suelos toleran la misma frecuencia ni la misma cantidad de agua.
- Azulejos o gres: Son resistentes a la humedad y permiten fregados frecuentes sin riesgo de deterioro.
- Laminado: Requiere moderación; el exceso de agua puede filtrarse por las juntas y provocar deformaciones. Lo ideal es usar una mopa ligeramente húmeda.
- Parquet y madera natural: Son más delicados. Deben limpiarse con productos específicos y poca agua para evitar que la madera se hinche o pierda brillo.
Seguir las recomendaciones del fabricante prolonga la vida útil del suelo y evita daños innecesarios.
Más no tiene por qué ser mejor. Fregar a diario puede ser excesivo en muchos hogares y, en algunos casos, incluso perjudicial para materiales sensibles. La clave está en el equilibrio: mantener una rutina constante sin caer en el exceso.
Aunque no sea necesario fregar todos los días, hacerlo al menos una vez por semana es una referencia razonable para la mayoría de los hogares. Ajustar esa frecuencia según el número de habitantes, la presencia de mascotas y el tipo de suelo permitirá mantener la casa limpia, saludable y en buen estado durante más tiempo.