Mucha Muchacha y poco apoyo (institucional): las gestas cotidianas de 2026
La épica del siglo XXI está en lo micro. En esos pequeños gestos, casi imperceptibles, que tenemos interiorizados en el día a día. Con la precariedad desatada a límites insospechados, el éxito es simplemente poder contarlo; sobrevivir sin demasiados rasguños. Y ellas, Mucha Muchacha: Belén Martí Lluch, Ana Botía García, Marina de Remedios y Marta Mármol, lo saben bien.
Pasada la treintena, representan uno de los nombres más frescos del panorama dancístico nacional. Hace tres años llenaron el teatro del Condeduque con el estreno de 'Para cuatro jinetes' (su segunda pieza), que gustó tanto como para todavía hoy seguir girando por toda España; sin embargo, "nunca regresamos a Madrid", denuncian. Señalan así a "la dictadura del capitalismo en las artes escénicas en la que todo tiene que ser nuevo y fresco", añade Martí Lluch: "¿De verdad se puede quemar una obra por tres días en una ciudad tan grande como Madrid, en la que hay obras de teatro que están más de dos meses en el cartel de los teatros públicos? Eso no existe para la danza. Estamos muy muy muy lejos. Los artistas poco más podemos hacer que intentar hacer nuestro trabajo de creación lo mejor posible y entender que tenemos una responsabilidad con el público".
Compromiso con la gente y amor a la danza
Y es dentro de ese compromiso con su gente (y de su amor a la danza) por lo que Mucha Muchacha vuelve a la arena madrileña: regresa al Condeduque para un nuevo estreno absoluto en la capital, adonde profetizan (y lamentan) que no volverán con este 'Cantar de gesta', una pieza que Ana Botía define como "un pequeño monstruo" con el que abordan "la sensación de vivir continuamente una vida épica": "La velocidad, la exigencia, la exposición, la sobre información...", enumera Martí como descripción de la época actual. "Todo ello requiere muchas veces de una gestión épica", continúa haciendo el paralelismo con aquellos cantares que relataban las hazañas de los héroes de antaño.
Pero ¿cuáles son los héroes hoy? Responden: "Hemos hablado mucho sobre dónde están. Y creemos que ahora son más anónimos. Un héroe puede ser cualquier persona, hasta los que vienen al teatro, como bromeamos en la obra. Vamos a lo micro. Incluso en la amabilidad hay algo de heroicidad. Lo grandioso está en lo pequeño. La figura del héroe está muy trillada, pero actualmente, cuanto más humano mejor".
Así, la compañía se adentra en un montaje que habla de esos arrojos cotidianos en su versión "más grandiosa y más íntima", apunta una Botía que busca relanzar la "épica" como concepto, aunque desligada "de todo ese mundo bélico al que se suele acercar": "Lo llevamos hacia otro lugar. Nos preguntamos dónde está lo que merece la pena contar o dónde hay que poner los esfuerzos; y cómo se cuenta lo que está pasando ahora".
Referencias universales de cine, pintura y música
Sus batallas son en una escena que "engolosinan", dicen, con referencias de la cultura universal de cine, pintura y música. Aunque en esta ocasión lo hacen con "una energía diferente", sostienen. "Para mí", explica Botía, "la fuerza ahora está en otro lugar [distinto a las piezas pasadas], la mirada es más cinematográfica. Hay un exhibicionismo diferente, pero conserva esa parte popular de 'Para cuatro jinetes'", comenta de un espectáculo en el que han potenciado la escenografía respecto a sus anteriores montajes.
Aseguran las chicas de la compañía que en esta pieza también hay algo de preocupación por lo que vendrá. Para Marta Mármol, el futuro "es tan incierto que siempre está latente el deseo de saber qué pasará". Afirman que el suyo ha sido un camino, hasta ahora, de éxito: "No nos ha ido mal", sostiene Botía. Sin embargo, "no hemos podido vivir de la compañía en ningún momento de los 6-7 años que llevamos con esto; y eso que el 'feedback' ha sido muy bueno. Digamos que hemos ido conquistando pequeños logros", lamenta.
Ellas se lo guisan y ellas se lo comen. "Hacemos la producción, la creación, la distribución, la interpretación... Tenemos que ir llamando nosotras a todas las puertas: 'Toc, toc... Tengo una obra que creo que te va a gustar...'. Todo eso no deja de ser incómodo. Nos gustaría que en algún momento no fuéramos absolutamente autogestionadas", lamenta Martí: "Además, pienso que no hay circuito. Creo que hacemos obras que tocan muchos puntos y que podrían verse en circuitos de danza, de teatro, de música... Pero al final somos víctimas de un sistema que no está funcionando porque no hay circuitos de distribución sólidos".
Un estado infinito de preguntas existenciales
Por todo ello, la gesta particular de Mucha Muchacha es "aceptar" lo que va llegando, asume Martí. De este modo se adentran en 60 minutos de espectáculo en el que les brotan las dudas: ¿qué queremos que nos pase en la vida? ¿Y si no es tan fácil vivir con todo lo que pasa a nuestro alrededor? ¿Qué es "todo"?... "Entramos en un estado infinito de preguntas en el que aflora un poco el espíritu atormentado que tenemos", apuntan de una pieza en la que se hace "una defensa fuerte de la ficción, una de las pocas salvaciones posibles ahora mismo".
Se refugian así en los escenarios, en este caso en el de Condeduque, para abstraerse de estos tiempos de duda a través de los cantares de gesta, que no son otra cosa que "una celebración y un motivo para contar una historia". La suya es la de cuatro treintañeras que se enfrentan a los dilemas propios de la edad: ¿cuándo debe parar una bailarina para ser madre?, ¿volver a casa de los padres es una opción?, ¿dónde y cómo vivir?...