Anatomía de otro instante
Hemos desclasificado a Carmen Díez Pereira. El foco sobre la esposa de Antonio Tejero Molina ha sido el verdadero aporte original de la penúltima operación para dominar la conversación pública.
Los documentos que acreditan cómo fue verbalizando sus pareceres conforme avanzaban las 18 horas de toma del Congreso permiten ver todo aquel esperpento a través de unos ojos nuevos. Los de una mujer que conoce perfectamente las (muchas) limitaciones de su marido y lee la jugada con clarividencia admirable. Una precisión en la radiografía de la persona que duerme a su lado que no está reñida con el amor.
El audiovisual español haría mal en dejar escapar esta oportunidad de volver sobre un asunto conocido –acabamos de comprobar que más de lo que pensábamos– desde este otro prisma. No cuesta imaginar a Chus Lampreave en el papel. Puede que la IA ya lo haga viable. En cualquier caso, sobran actrices vivas para alcanzar la excelencia interpretando ese rol.
La estamos viendo siguiendo a través de la radio el asalto que ella debía como mínimo suponer. Santiguándose poco antes de subir el volumen. Y, al poco, procediendo a atender todas las llamadas de teléfono de aquellos que saben que el que tiene retenidos al Gobierno y a los diputados a golpe de pistola es su marido. El mejor uso de la pantalla partida desde Rock Hudson y Doris Day. No podemos pasar por alto el casting de sus amigas. Herminia, Trini o Carmen Elvira tampoco pueden ser dejadas al azar. Marta Fernández-Muro, Kiti Mánver, Gloria Muñoz… todas podrían bordar trabajos dignos de nominación al Goya.
Pero volvamos a Carmen Díez Pereira.
Ay, su Antonio. Engañao como un desgraciao. Tirao como una colilla. Sin forma humana de poder hablar con él. Toda la noche buscando un coche oficial que le acerque al Congreso. A ver si hablando con él cara a cara consigue que la cosa termine de la manera menos mala. Nadie es capaz de ponerle al otro lado del teléfono. Cuál será el número de ese dichoso «hemiciclo» donde se supone que está. Todavía se ríe acordándose de la propuesta de grabarse para convencerle de que se eche atrás. Como si no fuera a pensar al momento en que lo estaría haciendo forzada, también, por la violencia. Por ella, hace tiempo que podrían vivir en Australia. Pero no. «Qué desgraciado, tanto amor a la Patria, tanto darlo todo, mira cómo le han engañado. ¡Es tonto!». No le puede dar más lástima.
Es un gilipuertas, pero es su gilipuertas.
Que la difunta Carmen haya sido la gran estrella de cosa demuestra que la resaca de la desclasificación no deja el panorama que su anuncio precipitado hacía sospechar. La costumbre de intuir algún plan retorcido y maquiavélico detrás de cada paso que da el Gobierno no casa bien con el resultado del empeño. Cuando se invocaba a Javier Cercas se sospechaba que no habían escuchado bien sus argumentos.
El escritor siempre ha estado convencido de que la realidad del 23F no difiere gran cosa de eso que se ha dado en considerar su «versión oficial». Ha terminado teniendo razón.
La imagen de Juan Carlos ha vuelto a la de sus mejores días. Lo que en los últimos años se había interpretado como un sueño del que habíamos despertado bruscamente ha resultado ser algo bastante cercano a la realidad.
Hasta el Gobierno parece dar el visto bueno a la iniciativa de Feijóo de traerlo de vuelta. Hay quien ya ve un plan brillante parido en Moncloa para garantizar que pueda afrontar la recta final en España.
Quizá la explicación esté en la hipótesis más sencilla. Quien decidiera ir con esto de los papeles buscaba simple y llanamente ocupar escaletas de televisión. Tenemos unos poderes públicos volcados en el entretenimiento. Hoy ha sido esto y mañana tocará otra cosa, quizá ya desplegada con la trompetería habitual para cuando usted tenga ante sí estas líneas.
El éxito de Carmen y el serendípico fallecimiento de su marido golpista cuando las redacciones todavía no habían terminado de escrutar los documentos demuestran que la vida pública española no es un espectáculo tan fácil de guionizar. Canalicemos mejor ese talento para la creación de relatos. Veamos pronto sobre una pantalla esa anatomía de otro instante.