El socio del exjefe de la UDEF escondió casi 1,8 millones "que no se han podido recuperar"
El presunto narcotraficante Ignacio Torán, socio del inspector jefe Óscar Sánchez, consiguió esconder casi 1,8 millones de dólares antes de ser detenido. Para ello se valió de la compra de una serie de inmuebles en Colombia, una de las vías de las que se sirvió para blanquear parte del dinero que ganó gracias al narcotráfico. La Fiscalía Antidroga, en un escrito reciente al que ha tenido acceso LA RAZÓN, señala que «no se ha podido recuperar un solo euro ilícito» de estas operaciones.
El juez Francisco de Jorge decretó su ingreso en prisión el pasado 9 de febrero. Aunque fue detenido en noviembre de 2024, quedó en libertad después de que su defensa alegase que se habían vulnerado sus derechos. La Policía Nacional siguió trabajando en el entramado de blanqueo de la presunta organización, y el juez mantuvo bajo secreto de sumario una pieza separada sobre este asunto. Lo hizo, apunta la Fiscalía, porque de lo contrario había muchas posibilidades de que Torán se hubiese fugado a Dubái, donde también posee inmuebles y donde permanece, presuntamente, Alejandro Salgado, alias «El Tigre», cabecilla de la organización.
El análisis de los dispositivos incautados refleja que en tan sólo dos meses, Torán movió 1.778.362 USDT, una moneda virtual estable cuyo valor se refleja en el del dólar estadounidense. Se ha vuelto muy popular entre el crimen organizado precisamente porque su valor no tiene grandes variaciones. Entre el 14 de mayo de 2024 y el 15 de julio de ese mismo año, realizó 16 transacciones para «pagar sus inmuebles colombianos», señala el Ministerio Fiscal. Lo hizo a través de Salvador Ferreira, alias «Sastre». Desde ese verano, el saldo está a cero.
Los últimos informes de la causa señalan que Torán se sirvió de cinco personas y casi una decena de empresas para montar una estructura con la que esconder su dinero a base de comprar patrimonio. La Fiscalía señala que el presunto narcotraficante tenía en Colombia un «importante elenco de inmuebles». Entre todo, destacan seis apartamentos en la torre Solei de Cartagena de Indias, otros cinco en el edificio Kavos –además de dos locales– y otro más en Barugrande Beach House. «El importe identificado hasta el momento abonado por Torán por sus inmuebles en Cartagena de Indias asciende a 2.890.769,53 euros», apunta el fiscal.
El socio del «narcopolicía» tenía tres vías para el blanqueo y ocultación de sus beneficios: la mencionada en Colombia, la ya conocida en Panamá y otra en Dubái, conocida en los últimos informes de la Policía. «Los ingentes fondos que obtenía del tráfico de cocaína», dice el Ministerio Fiscal, «le permitieron adquirir varias propiedades de valor millonario» en la ciudad de Emiratos Árabes. En esta ocasión también se sirvió de testaferros y empresas locales para «ocultar» estas viviendas, aunque en los mensajes intervenidos se refería a ellos como «mis casas».
La investigación ha localizado dos propiedades en Palm Jumeirah, uno de los archipiélagos de superlujo levantados por el régimen emiratí en la que se albergan algunos de los hoteles más exclusivos del mundo. Una de esas casas es una «mansión», según la Fiscalía. También adquirió, a través de terceros, un apartamento en el complejo Six Senses Residences de Dubái Marina, otro en el City Walk Residences y otro en la residencia Zabeel. «El patrimonio ilícito consolidado» en el país del golfo pérsico «se valora en más de 20 millones de euros».
La organización de Torán, en estrecha colaboración con Óscar Sánchez –el policía al que le encontraron casi 20 millones de euros entre las paredes de su casa y que declarará el próximo 9 de marzo– «dirigió y coordinó» al menos desde 2020 la introducción de 39 contenedores con más de 73 toneladas de cocaína con un valor de mercado de 2.000 millones de euros.
El papel del agente era clave, ya que gracias a su puesto operativo podía introducir los números de los contenedores donde iba la droga, y así controlar si iban a ser intervenidos al llegar a los puertos españoles o si otras unidades estaban investigándolos. También introdujo los nombres o matrículas de sus socios para que, en caso de que alguien les siguiese la pista, le saltase una alerta.
Los informes señalan que Sánchez había elaborado un «minucioso y experto modus operandi» con el que garantizar la seguridad de las empresas y personas con las que colaboraba. De esta forma era capaz de abortar una operación o de rescatar la cocaína si no podía frenar una investigación ajena.