Los principales puntos de fricción entre Irán y EEUU
Con la tercera ronda de encuentros indirectos celebrados ayer en Ginebra, las negociaciones nucleares entran en una fase decisiva con la amenaza estadounidense de atacar suelo iraní de no alcanzarse un acuerdo en un margen que se agota. A pesar de mantenerse firmes en sus posiciones e insistir en que no renunciarán a continuar desarrollando un programa nuclear que aseguran es totalmente “pacífico”, las autoridades iraníes aseguran que aún hay espacio para un acuerdo con la Administración Trump, que entretanto ha desplegado dos grupos de combate de portaaviones y decenas de aviones a la región. Estos son los principales puntos de fricción entre ambas delegaciones.
Enriquecimiento de uranio
La Administración Trump exige el cese total del enriquecimiento de uranio en suelo iraní. Considera inaceptable que Irán mantenga la capacidad técnica para producir material de grado militar. La República Islámica, por su parte, ha ofrecido reducir su nivel de enriquecimiento del 60% actual a un 3,67% (nivel estándar para uso civil contemplado en el acuerdo de 2015), pero rechaza renunciar por completo a enriquecer uranio en su territorio. Además, existe un desacuerdo entre Teherán y Washington sobre cuánto tiempo deben durar las limitaciones: Irán ha propuesto suspender el enriquecimiento entre tres y siete años, mientras que Estados Unidos exige un compromiso mínimo de diez años o permanente. El enviado especial Steve Witkoff ha dejado claro que su gobierno exige un acuerdo indefinido y verificable.
Gestión de reservas
Teherán rechaza enviar a un tercer país sus reservas de uranio altamente enriquecido como le exige el Gobierno estadounidense, aunque se abre a diluirlas a niveles de entre el 3,6% y el 5%. En palabras del ministro de Exteriores Abbas Araqchi, el uranio es propiedad nacional y sacarlo de Irán es una “humillación” y una violación de su soberanía. Para el régimen, el volumen actual de sus reservas -que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) estima en más de 440 kilogramos de uranio al 60%- es una garantía en la mesa de negociaciones.
Programa de misiles balísticos y milicias proxy
Irán, que ha hecho de la reconstrucción de su arsenal balístico una prioridad absoluta -tras el daño sufrido durante la guerra de los 12 días a manos de Israel y EEUU el mes de junio pasado- para restaurar su capacidad de disuasión, el programa de desarrollo de misiles balísticos es una “línea roja” irrenunciable e insiste en que las actuales negociaciones deben limitarse a la cuestión nuclear. El régimen insiste en que su arsenal convencional no es negociable. Para la Administración Trump, la negativa de Teherán a negociar sobre los misiles balísticos es “un gran problema”, al considerar que estos proyectiles podrían pronto alcanzar su territorio. Además, EEUU exige a la República Islámica que detenga la financiación, armamento y apoyo logístico a milicias como Hizbulá, Hamás, los hutíes y otras fuerzas paramilitares en Irak y Siria.
Verificación y sanciones. Irán ha expresado estar dispuesto a aceptar “cualquier tipo de verificación” y a restaurar las inspecciones del OIEA, incluyendo el Protocolo Adicional para visitas sorpresa, pero lo condiciona al levantamiento inmediato y total de las sanciones económicas y al desbloqueo de activos financieros -y a la garantía de que los países europeos no activen el mecanismo ‘snapback’ de sanciones de Naciones Unidas- como condición para cualquier compromiso técnico. Por su parte, Washington busca un régimen de inspecciones de mucho mayor alcance que el anterior para garantizar que no existan instalaciones secretas.