Crítica de 'Epic: Elvis Presley en concierto': Es cierto, Elvis sigue vivo ★★★★
Desde que en 2022 Baz Luhrmann estrenase la medio fallida «Elvis», parece que el también director de «Romeo + Julieta de William Shakespeare», «Moulin Rouge» y otras exageraciones más o menos afortunadas por el estilo se volvió loco al descubrir al rey del rock; no resulta, pues, extraño que después de estrenar otro par de documentales con su figura como eje único ahora reaparezca con esta película-concierto que es pura exageración, sexo, sudor y caderas, y que combina imágenes inéditas y restauradas de la estrella con actuaciones en vivo y retazos de entrevistas concedidas por el cantante. Debidamente seleccionado y remasterizado, el material ofrece facetas poco conocidas sobre la vida, la trayectoria musical y, sobre todo, la conexión que Presley estableció con el público, quien, antes que firmar autógrafos, besaba en la boca a sus fans mientras chorreaba la gota gorda durante cada actuación y muchas de las jóvenes aprovechaban para comérsela. Estamos en el mejor momento de la leyenda del blues blanco, antes de engordar y de morir, con solo 42 años, tras un abuso desorbitado de pastillas.
Es 1969, cuando Elvis decidió ofrecer uno de sus interminables recitales en el recién inaugurado International Hotel de Las Vegas ante dos mil personas. Entre ese momento y 1976 ofreció en aquel recinto hasta 641 conciertos; el último fue en diciembre de 1976, poco antes de su muerte. Pero dejemos la grisura a un lado, y regresemos a 1969, con Presley canijo, sexy, con aquellas aparatosas, brillantes y friquis vestimentas, subido a tacones gordos, y que, tras cumplir con el ejército de EE UU y hacer varias películas en Hollywood que no valían una perra gorda, aunque sí aumentasen su fama, decide dejarse el pellejo casi de manera literal (él mismo dice en la cinta que perdía más de dos kilos durante cada actuación) en aquel rincón de EE UU mientras añoraba actuar, como los Beatles, cuyas canciones también versionó, y de qué manera, fuera de su país. Jamás lo hizo, pero, antes enseñó a Tom Jones, Michael Jackson y Prince, entre tantos, cómo se movía una pelvis en condiciones. Ninguno le llegó a la rabadilla.
Lo mejor: A quien le guste el rey del rock se lo pasará estupendamente; además, el filme es bueno
Lo peor: A Luhrmann ya le queda poco de contar sobre la estrella, lo ha aprovechado de él casi todo