«Los miserables. El origen», la nueva versión del mito perpetuo
La historia en la que un trozo de pan alcanza una reflexión universal sobre las desigualdades sociales y la lucha por la libertad perdura desde que Victor Hugo, en un ya lejano, solo en el tiempo, no en los ideales a perseguir, 1862 la plasmara en «Los miserables» y se convirtiera en cáliz de la literatura universal. «Es un libro escrito por el pueblo y para el pueblo», explica el cineasta Éric Besnard. Su primer acercamiento a la pieza se dio, como le ha sucedido a muchos jóvenes de nuestro país vecino, en la escuela gracias a una versión adaptada para los más pequeños. De todos modos, hace seis años se adentró en una nueva lectura, ya que su futuro profesional quedaría ligado a esas páginas.
Llega ahora a España su versión del mito galo. Para poder diferenciarse en un universo plagado de musicales, filmes y revisiones literarias, ha optado por centrarse exclusivamente en las 150 primeras páginas del tomo, dedicadas a la presentación de Jean Valjean, la estrella del relato. El «héroe», como lo apoda el realizador, que vivió casi 20 años entre rejas por robar un poco de comida. De este modo, la producción da comienzo con la llegada del ex reo, interpretado por Grégory Gadebois, al pueblo donde el sacerdote Myriel, Bernard Campan, es el único que lo acoge en su hogar. De hecho, el título original de la película es el nombre del protagonista, aunque en castellano se haya optado por distribuirla como «Los miserables. El origen». «No me ocupo de las estrategias comerciales extranjeras, por lo que no he elegido cambiarlo, pero la palabra “miserables” sigue estando de actualidad», responde Besnard sobre esta diferencia. En un pequeño papel, también se encuentra el célebre Albert Dupontiel.
Restaurar el honor
Lo que sí ha sido gracias a Besnard es abrazar el reto que le ha supuesto representar al de Besanzón. En esa hazaña ha tratado de constatar su propia legitimidad, tal y como si fuese un personaje más de la novela luchando por la restauración de su honor. «Ya me habían propuesto varias veces adaptar esta historia, pero no le veía interés personal. Victor Hugo merece una calidad de intención y un fondo que no va de la mano de una película grande que requiere movimiento, él no es Alejandro Dumas. Sus relatos no son de acción, sino de afirmaciones», comenta.
Esta responsabilidad se hace más grande al ser Besnard también el guionista, contando con un largo recorrido de más de 70 historias con su firma, aunque admite que esta es su salida del cascarón en la guionización de un autor universal. Ya culminada su labor, confiesa sentirse contento y convencido de haber respetado el legado del autor.
«Mejor dejar entrar al otro y que te robe a que esté en la calle y queme coches»
Es probable que la resistencia a través de los siglos de «Los miserables» resida en que, aunque la sociedad se ha transformado, sus problemas no. «No solo no han diferido, sino que encima ya no se piensa que vayan a cambiar. Hoy es difícil creer en el progreso. Valores del siglo XIX como el humanismo o la moral han sido violados», explica el director. «Victor Hugo es el único hombre conocido que empezó en la derecha y acabó en la extrema izquierda, siendo normalmente al revés. Es un autor lleno de esperanza y que avanzaba siempre hacia el progreso», continúa.
Sobre ese presente desesperanzado en el que alega que vivimos, también exprime un análisis político. «El mensaje principal de mi cinta es que el otro no es un peligro, es mejor dejarle entrar y que te robe la televisión a dejarlo en la calle y que queme todos los coches», sentencia. Más allá de las reivindicaciones de tono más político, el creador también admira la idea que nace de las vivencias de Jean Valjean: «No cerrarse en la imagen que otros tienen de uno mismo».
Con esta pincelada a la obra magna francesa, Éric Besnard no solo proporciona un nuevo espectáculo, sino también crea conciencia entre los espectadores. «Hemos escuchado muchas veces que la sociedad actual se ha vuelto demasiado compleja para actuar, pero creo que es al contrario. La micro acción sigue siendo posible y es más necesaria que nunca». Los postulados de Victor Hugo tienen un legítimo defensor para que no caigan en el olvido.