El drama 'L'attachement' se alza como mejor película en unos premios César muy repartidos
El drama 'L'attachement', de Carine Tardieu, se alzó como mejor película en la ceremonia número 51 de los premios César, los más importantes del cine francés, en una edición muy repartida en la que 'Nouvelle vague' fue la cinta con más estatuillas, con cinco, incluida la de mejor dirección para Richard Linklater.
La película de Tardieu, que es una adaptación libre de una novela de Alice Ferney, aborda la historia de Sandra, una mujer solitaria y convencida de su independencia, que ve cómo su vida se transforma al entablar un vínculo profundo e inesperado con los hijos de su vecino tras una tragedia familiar.
De Léa Drucker a Laurent Lafitte
En las categorías interpretativas, Léa Drucker se llevó el galardón a la mejor actuación femenina por su papel en 'Dossier 137' y Laurent Lafitte fue el triunfador masculino por su trabajo en 'La Femme la plus riche du monde'.
En la categoría de mejor filme extranjero la ganadora fue la estadounidense 'One Battle After Another' ('Una batalla tras otra'), de Paul Thomas Anderson, que se impuso a la española 'Sirat', de Óliver Laxe; la brasileña'O Agente Secreto' ('El agente secreto'), de Kleber Mendonça Filho; la china 'Black Dog' de Guan Hu y la noruega 'Sentimental value' ('Valor sentimental'), de Joachim Trier.
Por su parte, el actor Jim Carrey recogió este jueves un premio César de honor. El cómico, de origen canadiense y nacionalizado estadounidense, dedicó el galardón a su padre, "el hombre más gracioso" que jamás conoció, y también hizo mención a sus antepasados, varias generaciones atrás, que emigraron desde Saint-Malo (Francia) a Canadá.
"Es quizás lo que mi familia buscaba", dijo Carrey en el escenario haciendo referencia al trofeo de forma cúbica, con el que consideró que él estaba haciendo la "cuadratura del círculo" que habían iniciado sus antepasados.
El protagonista de títulos icónicos como 'The Truman Show' o 'Ace Ventura' se atrevió con el francés, muy esforzadamente, pero su poca práctica con la lengua de Molière le sirvió para añadir un punto extra de humor a su discurso: "¿Cómo estuvo mi francés? ¿Más que mediocre, no?", lanzó al público del teatro Olympia de París.