¿Cómo afecta la incertidumbre a la economía? España lleva quince años por las nubes y los aranceles de Trump son solo la puntilla
Todos los organismos internacionales mencionan la incertidumbre como el factor que más condicionará la economía en los próximos años pero España crece a un ritmo vigoroso y, en apariencia, ajeno a las turbulencias que padece desde 2010
El primer año de la guerra arancelaria de Trump dispara un 34% el déficit comercial de España con Estados Unidos
Ursula von der Leyen y Donald Trump sellaron con una sonrisa y los pulgares en alto la tregua comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos. El acuerdo llegó el pasado verano tras meses de vaivenes arancelarios y se firmó en el campo de golf del magnate en Turnberry (Escocia). La Comisión Europea aceptaba como mal menor unas tarifas del 15% en sus exportaciones al país norteamericano a cambio de una serie de excepciones en sectores clave para la economía de los Veintisiete, como productos agrícolas o materias primas.
La foto, con un radiante Trump y una incómoda Von der Leyen –consciente de que estaba firmando un mal pacto pero presionada por Gobiernos como el alemán, con una industria muy dependiente de la relación comercial con EEUU–, prometía algo fundamental para la economía a ambos lados del Atlántico: certidumbre. Un escenario de certezas para el desarrollo de negocios en las dos orillas, aunque fuera a costa de la capitulación europea y la promesa de inversiones millonarias en aquel país.
Pero la frágil paz comercial, que ya se vio amenazada por las pretensiones de la Casa Blanca sobre Groenlandia (de soberanía danesa), estalló por los aires con la decisión del Tribunal Supremo estadounidense de anular la mayor parte de los aranceles que Donald Trump anunció con un cartel en cartón pluma el 2 de abril de 2024, el llamado Día de la Liberación. El presidente estadounidense reaccionó con una nueva tanda de tarifas, amparada bajo otro precepto legal, que distorsionó de nuevo el escenario y paralizó la ratificación del acuerdo de Turnberry en el Parlamento Europeo. De nuevo, incertidumbre.
Desde que hace casi seis años el COVID-19 pusiera en suspenso la actividad mundial, la economía se ha enfrentado a un estado de alerta permanente. La incertidumbre es ya un término de moda a la hora de realizar cualquier previsión, como un aviso de que la proyección podría irse al traste con la mínima volatilidad. El Fondo Monetario Internacional, en su informe de Perspectivas Económicas Mundiales de octubre, menciona en 102 ocasiones “uncertainty” (incertidumbre). La OCDE, en su documento análogo de diciembre, cita la palabra 198 veces. Las últimas previsiones del Banco de España, también de final de año, la repiten 53.
Ahora bien, ¿es la incertidumbre un fenómeno con efecto económico real o solo un lugar común? “Vivimos en un mundo de incertidumbre constante. Cualquier decisión que tomamos, incluso si nos paramos a tomar un café o un té, lo hacemos con información limitada”, responde el profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide e investigador de EsadeEcPol, Manuel Hidalgo. Es un caso exagerado, dice al teléfono, pero es el ejemplo perfecto para comprender hasta qué punto una disyuntiva afecta a decisiones sencillas del día a día, lo que se multiplica al extremo en caso de decisiones más relevantes, como la compra de una casa en el caso de una familia, o el lanzamiento de una inversión empresarial.
“Cuanto mayor es la incertidumbre, las decisiones se hacen más conservadoras. En el caso de las familias es evidente cuando llega una crisis: su consumo cae, lo que suele agravar la coyuntura económica. Con las empresas pasa lo mismo. Se suele decir que el capital es cobarde y las incertezas afectan a las variables de inversión”, detalla.
En el Gobierno son conscientes de que este fenómeno explica, en parte, ese hartazgo de la sociedad por el cual no perciben en su bolsillo la mejora de los indicadores macroeconómicos. El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, lo definió como “inseguridad económica” en su intervención en el Senado del pasado lunes: “En los últimos 15 años hemos tenido que pasar por shocks o crisis que normalmente pasan una vez cada dos o tres generaciones. La misma generación se ha tenido que enfrentar a una crisis financiera, a una pandemia, a un shock de inflación, a una guerra a las puertas de Europa, a una guerra arancelaria…”. Todo, sin descanso y sin percibir los dividendos del cohete económico.
Del rescate bancario a los aranceles: incertidumbre sin freno
La incertidumbre es más un estado de ánimo que un fenómeno mensurable, la mejor muestra de cómo la psicología y el comportamiento afecta a la economía. No aparece en una factura, ni en una nómina, ni en un agregado como el producto interior bruto (PIB). Pero está muy presente. Distintos organismos han desarrollado métricas específicas para tratar de aterrizarla. Uno de los indicadores más conocidos es el índice Economic Policy Uncertainty (EPU), que en nuestro país replica el Banco de España, y que se construye a través de palabras vinculadas a la incertidumbre que aparecen en la prensa local. Su última lectura, de enero, confirma que la incertidumbre es un 54% superior a la del promedio. De hecho, lleva más de quince años disparada. Desde 2010, solo se ha situado en nueve ocasiones por debajo del nivel 100, que sería la media.
Como se ve en el gráfico sobre estas líneas, los mayores picos de incertidumbre en la economía española se han dado con el COVID-19 (en mayo de 2020), con el Día de la Liberación que desbarató el comercio mundial como lo conocíamos en las últimas décadas (abril de 2024) o a raíz de la invasión de Ucrania por parte de Rusia (febrero-marzo de 2022). Son eventos recientes, pero las incertezas se dispararon también durante el referéndum independentista del 1 de Octubre de 2017, tras la votación a favor del Brexit en 2016 o en el verano de 2012, cuando España se asomó al abismo económico y se produjo el rescate bancario. Los atentados del 11-S de 2001 o la invasión de Irak en 2003 provocaron los primeros picos a principios de siglo.
Sin embargo, uno de los problemas de los índices EPU es, como lo denomina el profesor de la escuela de negocios IESE Roberto García-Castro, el “efecto túnel” que supone fijarse únicamente en titulares de prensa. “Reacciona mucho a lo periodístico, a lo que está haciendo la Casa Blanca. Pero el mundo no se acaba con Trump”, razona en conversación telefónica. García-Castro es, junto con su compañero Miguel Ángel Ariño, el creador del índice I3E de incertidumbre económica, que la mide desde 2010 en España y, desde hace un mes, también en las principales 22 economías del mundo.
El indicador concentra los datos de precios bursátiles nacionales, precios de bonos soberanos a 10 años, tipos de cambio y precio del petróleo Brent. “Cuando agregas estas cuatro dimensiones –geopolítica, política, financiera y bursátil– emerge algo que es distinto a la simple volatilidad”, dice el profesor, que forma parte del departamento de Análisis de Decisiones. “Ahora mismo se habla y se publica mucho de incertidumbre, pero, con los datos en la mano, está relativamente baja”, abunda.
Y, a pesar de esto, el Banco de España, en su encuesta trimestral a las empresas, recoge que la incertidumbre es un factor que condiciona la actividad empresarial para una de cada dos compañías. Más que la energía y prácticamente al mismo nivel que la falta de personal, otro de los grandes temas recurrentes en el mundo patronal.
“Llevo casi 20 años dando clase a directivos y hemos visto de todo: la caída de Lehman Brothers, el colapso financiero mundial, pandemias, guerras… Pero nunca he tenido un foro con cinco o seis directores generales que digan que la incertidumbre es baja. Por definición, el personal directivo toma decisiones sin tener todas las certezas. La incertidumbre siempre está en máximos”, asevera García-Castro.
¿Una economía curada de espanto? El termómetro de la inversión
Entonces, ¿afecta a la economía o no? En el IESE tienen medido su impacto. “La economía mundial crece trimestralmente un 2,1% de media en los últimos 36 años. Que nuestro índice esté por encima de 100 o 125 de manera sostenida resta casi medio punto de PIB global”, señala el profesor.
Desde el servicio de estudios del Banco de España son cautos con respecto a la posibilidad de que la incertidumbre ya no arrastre a la actividad económica, puesto que eso requeriría del diseño de un “escenario alternativo” sin sus efectos.
“En general, la evolución observada de la actividad se explica por la incertidumbre pero también por un conjunto de perturbaciones adicionales que en los últimos años pueden estar compensando su efecto. Por lo tanto, podría ser aventurado pensar que se ha producido un efecto de inatención o insensibilidad a la incertidumbre”, responden por correo electrónico.
Pero el año pasado, con todos los nubarrones posibles y la incertidumbre disparada, España registró un crecimiento del PIB del 2,8%, gracias a que el fuerte mercado interno compensó los vientos de cola que venían del exterior. “Parece que estamos curados de espanto”, dice el profesor Hidalgo. “Estamos muy alarmados y, después, se baja el tono porque parece que hay mucha resiliencia en la economía y nos estamos acostumbrando a un entorno de mayor incertidumbre que en décadas pasadas. De momento no hay señales de que esté afectando muy negativamente, como podríamos haber esperado desde el principio. A lo mejor somos nosotros, medios incluidos, que valoramos la incertidumbre de una forma más intensa de lo que realmente es”, reflexiona.
La última revisión de la Contabilidad Nacional por parte del INE dio un subidón a la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF), la variable que mide la inversión productiva y que se mostraba notablemente rezagada tras la pandemia, a pesar del crecimiento económico. Los economistas señalaban que este menor dinamismo podía deberse a su sensibilidad ante la incertidumbre. La cobardía del capital, que comentaba Hidalgo. Pero los nuevos cálculos de Estadística desmontan parte de ese relato.
El profesor de la Universidad Carlos III de Madrid Miguel Artola es uno de los más críticos con la labor del INE desde la pandemia. Según explica en conversación telefónica, no hay datos que sustenten que España es un caso diferencial con respecto al comportamiento de la inversión, si lo comparamos con lo que sucede en el resto de Europa. Ni la falta de Presupuestos ni reformas como la del mercado de trabajo han provocado que todo salte por los aires, asevera. De hecho, el marco español es mucho más estable que el de países como Francia, que encadenan gobiernos fallidos.
A su juicio, una posible explicación es que la inversión ha cambiado radicalmente. La tradicional (en ladrillo y en infraestructuras) ha perdido peso y los institutos estadísticos aún no captan de manera precisa las vinculadas a las nuevas tecnologías. “La inversión está dirigiéndose más hacia activos financieros que no financieros. Puede que estemos asistiendo a que esa inversión en intangibles –como licencias de software, por ejemplo– va cobrando importancia y en la medición vamos por detrás”, explica.
Eso pondría en relativa cuestión el dogma sobre los efectos de la incertidumbre. Al menos, sus efectos en el pasado lustro. Lo apuntó en un artículo en este periódico: “Los datos publicados revelan un panorama menos pesimista y sugieren que ni la incertidumbre ha tenido un impacto tan pronunciado ni las políticas públicas han estado tan mal orientadas”.
La paz comercial salta por los aires
Con todo, está por ver cuál es el impacto real sobre la economía mundial de la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca. Sobre todo, tras el varapalo del Alto Tribunal estadounidense a su andanada arancelaria, que ha respondido con una nueva tanda de tarifas cuya duración también es incierta.
“[El nuevo arancel] Va a generar un aumento de la incertidumbre para las empresas europeas y española, que no sabrán muy bien a qué atenerse”, apunta el investigador principal del Real Instituto Elcano y catedrático Príncipe de Asturias en la Universidad de Georgetown, Federico Steinberg. De momento, lo que ya se ha disparado es el Índice de Incertidumbre Comercial (TPU, por sus siglas en inglés). Como se ve en el gráfico siguiente, los dos mandatos del magnate neoyorquino han sido especialmente tensos en lo comercial, alcanzando su culmen en abril de 2024.
“Estados Unidos va a seguir siendo un socio poco predecible”, lamenta el académico. “No vamos a volver a una situación como la de 2024 porque Trump es un proteccionista y encontrará la fórmula para mantener las tarifas”, detalla. Si las empresas españolas, que tienen una exposición limitada, buscan capear esa incertidumbre, tendrán que buscar mercados alternativos y fijarse más en Europa, sobre todo en ramas como el comercio de servicios que, a diferencia del de bienes, está menos controlado.
¿Es, entonces, factible limitar la incertidumbre y sus posibles consecuencias para el desarrollo de la economía? Hay vías, dice Manuel Hidalgo. Por ejemplo, la del Banco Central Europeo (BCE) que, cada vez que adopta una decisión sobre los tipos de interés, da pistas de cómo evolucionarán a futuro. Es la llamada “forward guidance”, que favorece la toma de decisiones para familias y empresas.
“El BCE es una institución que tiene muy claro lo que tiene que hacer en política fiscal, a diferencia de los políticos, que necesitan mensajes más rápidos y, a veces, sus anuncios añaden mucha incertidumbre. Pasó con Liz Truss durante su mandato en Reino Unido. Los bancos centrales han aprendido a hacerlo, pero los Gobiernos tienen otros incentivos”, sostiene.
La economía española encadena quince años de sobresaltos y, desde la pandemia, no ha habido un ejercicio tranquilo. Pero, a pesar de todo, el PIB se ha comportado mejor de lo esperado, aunque quede “trabajo por hacer” para que eso se traduzca en bienestar. Hay incertidumbre y la economía, sin embargo, se mueve.