Volver a la universidad después de los 40: aprender por placer, compartir por vocación
- De 100 alumnos a más de 2.000
- Estudiar sin exámenes, pero con nivel universitario
- Una clase donde la experiencia suma
- Viajar para entender la historia
- Rutina, amistad y gimnasia cerebral
- Un ambiente familiar que también se aprende
- Volver a ser universitario
Al frente de este proyecto está María Garcia-Carrillo, directora de Viniversitas Senioribvs CEU desde hace casi 14 años. Cuando llegó, en los once años anteriores habían pasado por las aulas 143 alumnos. El salto es evidente. “El crecimiento ha sido clarísimo”, resume.
De 100 alumnos a más de 2.000
El volumen es solo uno de los cambios. También se ha equilibrado el perfil del alumnado. Si antes predominaban ampliamente las mujeres, hoy la proporción se sitúa en torno al 60 % de mujeres y 40 % de hombres.
Pero quizá el dato más llamativo es otro: el 90 % de los estudiantes son licenciados. Muchos han desarrollado ya una carrera profesional completa y regresan a las aulas movidos únicamente por la inquietud intelectual. “Vienen por placer”, explica la directora. Sin presión académica ni horizonte profesional que cumplir.
La pandemia marcó un antes y un después. Aunque ya existía un campus virtual, el confinamiento obligó a replantear todo el modelo. Se grabaron 600 horas de clase y no se perdió ni una sola sesión. Aquella experiencia abrió una puerta inesperada: hoy la universidad ofrece modalidad presencial, online y sistema hiflex —clases retransmitidas en directo donde el alumno puede elegir si enfocar al profesor o las diapositivas—.
El resultado es una comunidad que se extiende más allá de Madrid. Hay alumnos conectados desde San Sebastián, Sevilla, Valencia o Extremadura, pero también desde Portugal, Berlín, Bruselas, Italia, Viena, México, Tanzania o Ecuador. Siete países y tres continentes comparten aula.
Estudiar sin exámenes, pero con nivel universitario
La primera pregunta que hacen los nuevos alumnos es casi siempre la misma: ¿hay exámenes? No. Tampoco trabajos obligatorios. Es formación universitaria por placer, sin habilitación profesional.
El programa puede cursarse completo durante cuatro años —con diploma final— o de forma flexible, eligiendo asignaturas sueltas. Cada materia ocupa una hora semanal. Para obtener el diploma deben cursarse seis asignaturas por año: tres troncales (Historia, Arte y Filosofía del periodo correspondiente) y tres optativas.
Este curso se ofrecen 64 asignaturas. El abanico es amplio: historia, arte, literatura o música conviven con genética, neurociencia, inteligencia artificial, geopolítica o cursos pensados para reducir la brecha digital. Cada año se renuevan entre cuatro y seis materias para mantener el programa actualizado.
El claustro lo forman 32 profesores, más de la mitad vinculados al CEU y otros procedentes de instituciones como la UNED, el Teatro Real o asesorías ministeriales. Algunos imparten clases magistrales; otros apuestan por un modelo más interactivo, al estilo anglosajón. “Historia a través del cine”, por ejemplo, combina análisis histórico con fragmentos de películas.
Una clase donde la experiencia suma
Luis Eugenio Togores, catedrático de Historia Contemporánea y vicerrector de profesorado, da clase tanto a alumnos de grado como a estudiantes de la universidad de mayores. La diferencia es clara. “Aquí vienen porque quieren”, comenta.
Imparte Historia de España del siglo XX. Cuando aborda la Segunda Guerra Mundial o la Segunda Guerra del Golfo, muchos alumnos han vivido esos acontecimientos. “Tienen la ventaja de haber sido testigos directos”, señala. Y añade entre risas: “Faltan menos a clase que los jóvenes”.
Los propios alumnos destacan el nivel del profesorado. Javier Martín (50 años), Agustín Muñoz Irazo (81) y Alberto Escribano (77) coinciden en ello. Llevan entre dos y cuatro años asistiendo, sobre todo a Geopolítica. “Es interesantísima”, dicen. Coronel de Caballería, piloto jubilado de Iberia, comparten seminarios sobre la OTAN o la Guardia Civil y se apuntan a excursiones y viajes.
Viajar para entender la historia
Las actividades culturales forman parte esencial del programa. Cada trimestre se organizan en torno a una veintena: visitas a exposiciones con conferencia previa, presentaciones de libros, seminarios, excursiones de un día y viajes nacionales e internacionales.
Han estado en Egipto, Petra (Jordania) y próximamente viajarán a Puglia (Italia). En julio celebran cursos de verano en el Real Centro Universitario María Cristina, en El Escorial.
María Piedad Calvo, de 81 años, lleva tres cursos matriculada. Asiste a Historia y a “Conocer Madrid”, una asignatura itinerante. Este año participó en un viaje siguiendo la ruta de Fernando el Católico: Sos del Rey Católico, Tarazona, estancia en Parador incluida. “Estoy muy contenta”, dice. Y subraya lo bien que se lleva con sus compañeros.
Rutina, amistad y gimnasia cerebral
Más allá de los contenidos, la universidad cumple otras funciones. Tras la jubilación, el cambio de ritmo puede ser brusco. Mantener una rutina estructurada, aunque flexible y placentera, ayuda a ordenar el día.
La socialización es otro pilar. Matrimonios, hermanos, amigos y también personas que llegan solas y terminan formando parte de un grupo. Compartir clases y excursiones durante meses crea vínculos sólidos.
Y está la salud cognitiva. Según explica la dirección, neurólogos han recomendado el programa a sus pacientes. Asistir a clase, debatir, leer y reflexionar funciona como una gimnasia cerebral que contribuye a envejecer mejor.
Un ambiente familiar que también se aprende
En la secretaría trabajan Sonsoles, Ana y Ana. Conocen personalmente a la mayoría de los alumnos presenciales y tratan de acompañar a quienes llegan por primera vez hasta el aula. “Se ha creado un ambiente muy familiar”, cuentan.
Hablan de cercanía, de bombones compartidos, de alumnos que han ocupado puestos de gran responsabilidad y que ahora, frente al campus virtual, reconocen con humildad que necesitan ayuda. La brecha digital existe, pero la mayoría la supera. Además de las asignaturas específicas sobre nuevas tecnologías e inteligencia artificial, el equipo presta apoyo constante.
Actualmente hay 404 alumnos online, lo que dificulta el trato personal, pero en las encuestas de satisfacción, después del profesorado, lo más valorado es precisamente ese acompañamiento cercano.
Volver a ser universitario
El carné de alumno permite acceder a descuentos en museos —también internacionales—, a clínicas universitarias del CEU (odontología, fisioterapia, podología), al restaurante con menú universitario o a ventajas en parking y otros servicios. Incluso hay acuerdo con el Real Club de Golf de La Herrería, con precios especiales para los alumnos.
Pero más allá de los beneficios, lo que define el proyecto es otra cosa: seguir creciendo cuando ya no hay obligación de hacerlo. No se trata de empezar una nueva carrera, sino de recuperar la curiosidad, actualizarse en inteligencia artificial o geopolítica, entender los cambios sociales y, sobre todo, disfrutar del aprendizaje compartido.