Según la psicología, la rabia de muchos hombres no es amargura, están reprimiendo una emoción
¿Alguna vez te has preguntado por qué muchos abuelos responden siempre lo mismo cuando les preguntas cómo están? Hay un momento concreto que se repite en muchas casas: un nieto pregunta "¿cómo estás?" y siempre recibe la misma respuesta: "bien". A pesar de que la respuesta dura un segundo, detrás hay décadas enteras. Décadas de trabajo, de presión, de silencios, de decepciones, y de responsabilidades que nunca supieron cómo expresarse. Durante gran parte del siglo XX muchos hombres crecieron con que sentir era humano, pero mostrarlo no.
Mostrarlo, se les enseñó, que les costaría la autoridad, el respeto, el trabajo, e incluso el papel de "hombre fuerte" que la sociedad, en teoría, esperaba de ellos. Esto hizo que aprendiesen a guardarse el miedo o la tristeza en un lugar seguro. Y ese lugar seguro, casi siempre, fue la ira.
La ira, el único idioma emocional
Para muchas generaciones masculinas, la rabia no la percibían como una simple emoción. Era el único idioma que se les permitió hablar. En los trabajos tradicionales, el hombre que mostraba tristeza podía ser visto como débil, y el que admitía miedo podía perder autoridad. Y vieron que con la ira era diferente, la ira era respetada, imponía y conseguía resultados.
La psicología ha empezado a estudiar este tema. Diferentes investigaciones sobre el estrés masculino muestran que muchos hombres tienden a reprimir emociones como la tristeza o miedo debido a una presión social para ajustarse a normas tradicionales de masculinidad. Como consecuencia, según la psicología, esas emociones terminan canalizándose a través de la ira.
Como resultado, se creó una generación que aprendía a comprimir toda su vida emocional en una sola emoción.
El problema es que las emociones por mucho que se ignoren, no desaparecen. A veces se quedan en forma de tensión constante en la mandíbula, en dolores de espalda que parecen no tener explicación o en esa presión arterial que el médico empieza a mencionar a partir de cierta edad. Esto demuestra que el cuerpo tiene su propia contabilidad emocional.
En investigaciones publicadas para la revista Psychological Science identificaron que los adultos que mantienen altos niveles de ira tienen un mayor riesgo de síndrome metabólico en comparación con quienes expresan menos esta emoción. Esto significa que la rabia mantenida durante años ya no sólo pesa emocionalmente, sino que puede verse afectada la salud física.
¿Los hombres sienten menos o aprendieron a esconderlo mejor?
Durante muchos años se ha repetido que los hombres son menos emocionales que las mujeres, pero tal vez no es así. Según Mental Health Foundation, los hombres tienen más dificultades para expresar lo que sienten. De hecho, un 22% admite haber mentido en alguna ocasión sobre cómo se siente, a diferencia con las mujeres que hay un 10%.
Investigadoras como Mariam Abisaad y Valentina Sanclemente, de la Universidad EAFIT, declaran que este fenómeno tiene raíces culturales. Durante generaciones educaron a los hombres para ser la cabeza del hogar y los protectores, roles que no les permitía mostrar esa vulnerabilidad.
A día de hoy, se habla más abiertamente sobre la salud mental. Los jóvenes hablan acerca de la ansiedad, las emociones e incluso de terapia con menos apuro. Sin embargo, para muchos hombres mayores, todo esto sería impensable hace muchos años atrás. Esto se debe a que no tenían a quienes les enseñasen a identificar lo que uno siente, entenderlo y gestionarlo. Por ello, para algunos hombres aprender a comunicar sus emociones en la madurez les recuerda a usar un teléfono móvil. Requiere paciencia, cometer errores y a veces la ayuda de alguien más joven. Aun así, lo único que cuenta es que realmente es posible y mucho más beneficioso para la salud.