Embarazo en la adolescencia en Costa Rica: ¿Qué hace falta para realmente proteger a las menores?
Cuando Costa Rica recibía el nuevo milenio, registraba más de 600 nacimientos en niñas menores de 14 años. Dichosamente esas cifras han mermado, y para 2024 disminuyó en un 76%. Sin embargo, todavía existen factores que tanto las instituciones como la ciudadanía pueden atender para mitigar las condiciones que los fomentan.
Evelyn Durán, analista de género y salud sexual del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Costa Rica, anotó que lo primero es sencillo: hablar de niña o adolescente embarazada, y no de embarazo adolescente o temprano. Este último término le “quita al peso” que conlleva la gestación en las mujeres; además, un “embarazo adolescente” da a entender que este es de corta duración.
“Históricamente se daba en nuestro país que una vez que la adolescente quedaba embarazada y se convertía en madre, se le quitaba o se le negaba su rol de persona adolescente y se daban una serie de situaciones como la exclusión del sistema educativo, o también se consideraba que ya podía vivir en unión con otra persona”, explicó Durán.
Lo segundo es dimensionar que un embarazo en la adolescencia no implica que la vida se trunque. Claro que en muchas ocasiones los atraviesan capas de violencia y desigualdad (que igualmente deben ser atendidas), pero siempre se debe mantener en el horizonte que estas mujeres siguen formando parte de la sociedad.
“Lo que trunca las vidas es que no cuenten con las oportunidades suficientes para poder salir adelante (...). Es una situación que afecta el curso de vida de las personas menores de edad, ahí como sociedad y como institucionalidad tenemos la responsabilidad de aportar”, añadió la especialista en género.
Lo tercero es identificar la naturaleza de las relaciones en que se involucran las personas menores de edad. Según Durán, en muchas ocasiones, el “enamoramiento a lo Disney” puede escalar a conductas manipulativas que aislan a las menores de edad.
“Se va evidenciando a través de manipulación, de control, de aislamiento, de manipulación también económica, porque de pronto te regalo un celular, pero luego como yo te regalo el celular tengo derecho a controlar lo que está pasando (...). Eso, por supuesto, genera una serie de situaciones que pueden ser ansiedad o depresión, vas perdiendo redes de apoyo”, agregó.
Además, es importante acotar que toda relación sexual con una persona menor de 13 años constituye una violación. Las relaciones impropias, por su parte, ocurren cuando la persona adulta supera por cinco años o más a alguien de 13 o 14 años. También se tipifican de esa manera si la diferencia es de siete años o más cuando la víctima tiene 15, 16 o 17 años.
¿Qué le hace falta a Costa Rica, entonces, para acompañar de una manera más íntegra a las niñas y adolescentes madres?
No abandonar las buenas prácticas
Para reducir la tasa de fecundidad en niñas y adolescentes, el Estado costarricense ha impulsado diversas estrategias. Entre ellas, la incorporación del Programa de Afectividad y Sexualidad en el Ministerio de Educación Pública (MEP), así como la aprobación de la Ley 9.406, que sanciona las relaciones impropias.
A ello se suma la inclusión del implante subdérmico como método anticonceptivo dentro de la oferta pública, lo que amplió las alternativas para que las mujeres prevengan un embarazo.
Pero todavía falta camino por recorrer. Durán considera necesario fortalecer el sistema educativo para que las jóvenes comprendan cuál es el método anticonceptivo más adecuado según sus circunstancias. También subraya la importancia de enseñarles a analizar cómo se relacionan con sus pares y con las personas mayores, en dinámicas que inciden de forma directa en sus proyectos de vida.
De manera paralela, plantea la urgencia de promover un proceso de reflexión sobre las masculinidades, para cuestionar las normas sociales que se reproducen en una relación impropia y fomentar la autocrítica. Esto incluye, por supuesto, que los hombres se cuestionen por qué buscan vincularse con niñas o adolescentes y que se abstengan de ello.
Además, es esencial preservar las buenas prácticas que Costa Rica ha instaurado a lo largo de los años. Las experiencias exitosas en un centro educativo deben replicarse en el de al lado: desde las clases de sexualidad hasta el acompañamiento que le brindan a las madres para que continúen sus estudios sin rezago.