Sí existe
Pregunté por ella en barrios bajos y en lugares de ensueño, en restaurantes de lujo y en bares de carretera, a conductores de Bentley y a pilotos de patinete, incluso pregunté al mendigo que desde la acera reclamaba a la vida el no habérsela concedido, al que maldecía al mundo por habérsela arrebatado y al que renegaba de sí mismo por haberla perdido caminando.