Los libros de la semana: de los primeros amores de Sara Barquinero al regreso de la Nobel, Han Kang
"La chica más lista que conozco", de Sara Barquinero: de «Los escorpiones» a los primeros amores y porros
9/10
Por Jesús Ferrer
Quizá sean Galdós y Unamuno quienes, en la literatura española, mejor abordaron la novela «de tesis», una narrativa donde la intención ética y filosófica gravitan primordialmente sobre la acción argumental. Los orígenes modernos de esta modalidad literaria se encuentran en la Ilustración francesa con escritores como Voltaire, Rousseau y Diderot. Dentro de este perfil estético se encuentra Sara Barquinero (Zaragoza, 1994), quien en 2024 impactó a crítica y público con «Los escorpiones», original novela que incluía conspiraciones políticas y esotéricas sectas. De formación filosófica, publica «La chica más lista que conozco», historia de aprendizaje protagonizada por Alicia, una joven que se muda a Madrid desde provincias para estudiar Humanidades. Es optimista, lectora voraz, con criterio propio y precoz conocedora de la mejor filosofía clásica.
Hallamos en esta novela de campus universitario irracionales temarios de asignaturas, desmedidos egos profesorales, amistad entre compañeros de estudios, agrias disputas departamentales, la angustia de las calificaciones y el desencanto de la protagonista ante una formación académica que no satisface sus expectativas, sin olvidar un primer amor y el primer porro. Alicia lee concienzudamente «El ser y la nada», de Sartre; al tratar este del sentido dual de la personalidad, el propio yo encarado a cómo nos ven los demás, queda prendada de estas palabras: «‘‘En la mirada me convierto en objeto para el Otro, del mismo modo que el Otro se vuelve objeto para mí’’, decía Sartre, y aún añadía algo más terrorífico: ‘‘El Otro es portador de un secreto: el secreto de quién soy en realidad’’». Saber quién es realidad es lo que pretende la protagonista, al tiempo que constata que la filosofía puede ser un modo de vivir, un sistema de conocimiento y un ejercicio de libertad personal.
- Lo mejor: la acertada conjunción entre referencias filosóficas, vida cotidiana e introspección psicológica
- Lo peor: nada hay relevante negativo, se trata de una novela bien configurada y de una inteligente amenidad narrativa
"Tinta y sangre", de Han Kang: el regreso de la Nobel o una herida de la piel hacia adentro
8/10
Por Ángeles López
La Nobel regresa hasta donde la pesquisa íntima y la meditación metafísica se hilvanan hasta convertirse en un telar bien cosido. La historia arranca con la muerte de Seo Inju, una pintora que fallece en un accidente de coche. Mientras un crítico de arte difunde la versión del suicidio para abundar en el mito romántico del artista atormentado, su amiga Lee Cheonghee inicia una investigación que dejará de ser policial para transmutar en una verdadera búsqueda de sentido. La trama progresa apoyada en recuerdos deslavazados que recomponen la vida de la fallecida. Pero la indagación también exhuma el pasado de la narradora, una mujer poco sociable que arrastra pérdidas íntimas y una existencia atravesada por el silencio emocional.
Como sucede en la obra de Han Kang, el argumento se articula como una estructura para la cavilación. Los capítulos, titulados con referencias astrofísicas, elongan el horizonte de la novela hacia lo cósmico y establecen un contraste entre la escala inabarcable del universo y la vulnerabilidad humana. Sobre estos mimbres, el motivo simbólico que da título al libro resulta especialmente fecundo: la tinta de la pintura asociada al universo y a la creación artística frente a la sangre, emblema de dolor. Frente a la rebelión sin paliativos, aquí predomina una resistencia silente, el «gutta cavat lapidem».
En el libro la herida es de piel hacia adentro, rozando lo metafísico. Pero, como suele ocurrir, no todo funciona con el mismo diapasón. La acumulación de referencias artísticas o científicas puede diluir la tensión narrativa y provocar cierta sensación de irradiación no siempre conexa. El libro no resuelve su misterio central, sino que lo desplaza. La verdadera pregunta no es cómo murió Inju, sino cómo seguir respirando después. En esa obstinación de recordar y dar testimonio se cifra su ética literaria.
- Lo mejor: es una prosa hipnótica y simbólica que entrelaza arte, duelo y cosmos en una indagación existencial muy intensa
- Lo peor: hay un exceso de referencias artísticas y científicas que diluyen el ritmo y dispersan la tensión dramática
"Abril o nunca", de Juan Gómez Bárcena: la perfecta masculinidad de un hombre auténticamente moderno
10/10
Por Diego Gándara
Bien podría ser, el primer cuento de este primer libro de relatos que significó el estreno del chileno Benjamín Labatut (aunque nació en Rotterdam, Países Bajos, en 1980, y se trasladó a Santiago de Chile con su familia a los quince años), y que daría inicio a una obra vertiginosa, peculiar, marcada por las relaciones entre la ciencia, la locura y la literatura, una novela breve o el principio de una enorme, pero lo cierto es que «La Antártica empieza aquí», y que da título al conjunto, tiene una forma propia, breve, y que marca el pulso de lo que son los cinco cuentos restantes.
Publicado originalmente en 2010, y revisados por el autor para esta nueva edición, están trazados por un sentido común: hay algo, en las historias, en lo que les ocurre a los personajes, que aparece en sus vidas y silenciosamente va minando el principio de realidad: porque ante algo que se presenta como oscuro, ominoso, los personajes se ven envueltos en historias ajenas que los llevan a un punto límite, representado por ese continente frío, impenetrable.
Así se trate de un complot urdido en la imaginación de un loco militar, como sucede en el primer cuento, del regreso inesperado del pasado en «Países Bajos», de los líos que conlleva soportar el final de un amor que parecía eterno, como en «Alfredo en cama», del retorno de una manía que estaba agazapada, como en «Club de campo», de un encuentro fugaz y desesperado como en «No me digas que no te acuerdas», de lo que es tóxico y disfrazado de amor en «La cura de Ana» o del descubrimiento del doble, del «doppelgänger» que escribe en «Deseo», esos momentos son, en todos los cuentos, un momento bisagra. Seis impregnados de una sensación de amenaza constante y que fueron el presagio de una obra, la de Labatut, que, libro tras libro, se abre camino.
- Lo mejor: además de desplegar unas tramas en las que lo ominoso se vuelve amenaza, les da una atmósfera, que las hace más atractivas
- Lo peor: hay cuentos que, quizá, no estén cerrados y queden con algún cabo suelto, pero tal vez se trate de una poética del autor
"Sila. El origen del dictador", de Álvaro Pavón: Lucio Cornelio Sila, la juventud de un dictador fascinante
9/10
Por José María Marco
En la historia de Roma, pocas figuras resultan tan fascinantes como la de Lucio Cornelio Sila. Vivió los últimos tiempos de la República y cambió el rumbo de la historia con su dictadura de entre 82 y 79 a. C. Uno de sus biógrafos lo llamó «el último republicano», y fascinó a la posteridad por su condición de noble desclasado, por su empeño en restaurar las instituciones romanas y por su salida voluntaria del poder cuando era el hombre más respetado y temido de Roma. Nos llega ahora, de la mano de Álvaro Pavón, el primer volumen de lo que promete ser una gran trilogía novelesca dedicada al romano.
Pavón es un apasionado de la Antigüedad. También le interesa la política. En este primer volumen se centra en la juventud de su protagonista. Perdidas las «Memorias» que escribió, de esos años nos quedan pocos datos: desheredado por su vida indecorosa, aficionado al teatro, enamorado del joven Metrobio y declarado heredero de sus bienes por la cortesana Nicópolis, gracias a lo cual reivindicó el puesto que le correspondía. El autor saca partido a estos destellos fragmentarios y elabora un magnífico retrato de este hombre cerebral y apasionado: un romano de cuerpo entero.
A él se unen las intrigas de otros grandes: Cayo Mario, plebeyo, su rival, que ha tenido mejor prensa que Sila, y Marco Emilio Escauro, otro patricio desclasado, político realista tras el que parece hablar el autor. Los tres empiezan a conformar una fina tipología política que se desarrollará más adelante, y de la que, por lo visto aquí, habrá mucho que aprender. Juntos, protagonizan una acción rápida y absorbente, contada en escenas fulgurantes, que nos dejan en el umbral de la carrera política del protagonista. Justo cuando se dispone a iniciarla para reivindicarse, vengarse de las humillaciones recibidas y por amor: por amor a su perdido y guapo Metrobio.
- Lo mejor: el ritmo de la acción y la finura de los retratos psicológicos y políticos que ofrece la trama
- Lo peor: tener que esperar al siguiente volumen para continuar conociendo la fortuna vital y política de Sila