Rusia encuentra un respiro económico gracias a la guerra en Irán
Rusia vive instalada, desde hace semanas, entre dos conflictos bélicos. Si su operación especial en Ucrania se ha convertido en un saco sin fondo en lo que a gasto se refiere, la guerra en Irán está suponiendo un alivio en su maltrecha economía. La decisión de los Estados Unidos de flexibilizar sus sanciones contra el régimen de Putin liberando cerca de 100 millones de barriles de petróleo ruso repercutirá sin duda en la economía de este país, inyectando hasta 10.000 millones de dólares con los que el Kremlin no contaba hasta hace unas semanas.
El aumento de los precios del petróleo ha fortalecido ya las cuentas de Rusia, ofreciéndole más recursos para financiar su guerra en Ucrania, y los descuentos que Moscú ofrecía hasta hace poco para colocar su petróleo en los mercados internacionales, han desaparecido, elevando el flujo de dinero hacia el presupuesto estatal. El precio del barril de Brent ha superado esta semana los 110 dólares, aproximadamente un 30% más caro que antes de la ofensiva estadounidense en la región.
El petróleo y el gas suponen casi un cuarto de los ingresos totales del Estado ruso, de modo que cualquier alza importante de los precios internacionales significará más recursos para el Kremlin. En Moscú se frotan las manos porque ese dinero puede ser destinado a la guerra en Ucrania, que ya consume casi el 40% del presupuesto estatal. Pero los beneficios de este alivio en las sanciones a Rusia no se limitan a las cuentas públicas.
Las grandes empresas energéticas rusas también han experimentado un fuerte crecimiento en su valor bursátil. Desde el inicio de los bombardeos a Irán, la capitalización de compañías como Rosneft, Lukoil o Gazprom Neft ha aumentado en decenas de miles de millones de dólares, impulsada por el encarecimiento del crudo y las expectativas de mayores beneficios. Es posible que esta situación no se prolongue mucho en el tiempo si se tiene en consideración la voluntad de Washington de finalizar en breve los ataques al régimen iraní, algo con lo que cuenta Moscú.
Un arma de doble filo
Los expertos, no obstante, ponen sobre aviso de que los beneficios económicos para el Kremlin pueden convertirse en un arma de doble filo. Una prolongada escalada del conflicto en Oriente Próximo podría provocar una recesión mundial, que reduciría la demanda de energía y afectaría a las exportaciones rusas. La economía rusa, por otra parte, se enfrenta a problemas estructurales que son consecuencia de la propia guerra en Ucrania. El Gobierno ha desviado una gran parte de sus recursos al sector militar y ha debilitado otras áreas de la economía. Muchas empresas civiles sufren por falta de inversión, escasez de mano de obra y la presión de las sanciones internacionales.
El conflicto en Irán también tiene un impacto político que beneficia al régimen de Putin. La atención internacional se ha desplazado parcialmente hacia Oriente Próximo, lo que reduce el foco mediático y diplomático sobre la guerra en Ucrania. Para el Kremlin, esta situación puede aliviar temporalmente la presión internacional y permitirle mantener su estrategia militar con menos atención global.
El país siente que el final de la guerra en Ucrania podría materializarse en unos meses si continúa el avance ruso y el régimen de Kiev deja de recibir la cantidad de armas norteamericanas que venía importando como consecuencia de la guerra en Oriente Medio. El callejón sin salida en el que se encuentra el presidente norteamericano, Donald Trump, podría además acelerar los esfuerzos de la Casa Blanca en firmar la ansiada paz en Ucrania, dando un golpe de efecto a la imagen del magnate estadounidense.
Aunque no todo son ventajas para Moscú. Si algo ha demostrado esta guerra es que la Rusia de Putin ha dilapidado parte de su peso internacional como potencia política. Además de su capacidad como mediador en conflictos internacionales, Rusia ha perdido a uno de sus grandes aliados. Irán necesita del apoyo de Moscú, pero el presidente Putin no puede ofrecerle una ayuda a la altura de las necesidades de su socio y se ha limitado a criticar los ataques y poner en duda la legalidad internacional de las medidas tomadas por la Casa Blanca para frenar al régimen de los ayatolás.
El final de esta imprevisible guerra sigue siendo una incógnita económica que va a terminar afectando al gigante euroasiático. La evolución del mercado energético mundial, la situación en Oriente Próximo y el impacto acumulado de las sanciones occidentales podrían cambiar el equilibrio actual. Si los precios del petróleo se derrumban de nuevo, Rusia volverá a tener serios problemas para financiar su guerra.