Rafa Nadal, 39 años: "Esforzarse para conseguir unos objetivos es lo que te da la felicidad"
Rafa Nadal se retiró del tenis profesional, pero quien pensara que el fin de la competición traería consigo un cambio radical en sus hábitos se equivocaba. Rafa Nadal, a sus 39 años, sigue madrugando. Es más, puede que madrugue incluso más que antes, aunque ahora la razón no es un entrenamiento en pista sino algo que no figuraba en ningún calendario de Grand Slams: su hijo.
Hora y media de entrenamiento
En el podcast 'Con Mucho De...' de NDL Pro-Health, el mallorquín habló con una naturalidad poco habitual en él sobre cómo organiza sus días fuera del circuito. "Me levanto a las 7 porque soy padre. Entreno de 8:30 a 10 de la mañana, porque si lo dejo para última hora siempre hay excusas para no cumplir." La lógica es la misma que aplicó durante décadas en la competición: hacer primero lo más importante para que nada pueda empujarlo al fondo de la lista. La paternidad ha añadido una razón nueva para madrugar, pero la disciplina de fondo es la de siempre.
Tres días a la semana va al gimnasio, combinando trabajo de fuerza y cardio. El objetivo ahora es mantenerse activo sin sufrir dolores, algo que durante buena parte de su carrera fue un lujo que no siempre pudo permitirse. Entrenar sin la presión del resultado tiene una textura diferente, y él parece haber encontrado en esa rutina un equilibrio que durante años le fue esquivo.
Alimentación cuidada
En lo que respecta a la alimentación, Nadal reconoce que nunca fue de los que llevaban la dieta con rigor obsesivo. Lo que sí ha cambiado desde que dejó la competición es que ahora escucha más a los nutricionistas y a los medios especializados, algo que durante su etapa como jugador quedaba en un segundo plano frente a las exigencias del calendario. Su menú habitual se articula alrededor del pescado, las verduras, las ensaladas, los arroces, la patata y los frutos secos, y tiene un capricho que mantiene con una constancia casi deportiva: un trozo de chocolate con leche casi a diario. Un hábito pequeño que, en su caso, encaja perfectamente con una filosofía más amplia: ser disciplinado sin convertir la disciplina en una carga.
Cuidar el cuerpo, para Nadal, va mucho más allá del rendimiento físico. Lo considera indispensable para ser feliz, una conexión entre salud y bienestar que en sus años de competición era evidente pero que ahora, sin la presión del resultado, se vuelve más visible. También cree que acostumbrarse a cuidarse desde pequeño es lo que hace que ese hábito evolucione de forma natural con los años, sin necesidad de grandes imposiciones. En su propio caso, reconoce que llegar a esa conciencia le costó esfuerzo, que no fue algo que vino solo sino algo que fue construyendo con el tiempo.
La vida sin competición
Pero quizá lo más revelador de la conversación en el podcast no fue lo que dijo sobre el gimnasio ni sobre la dieta, sino lo que explicó sobre cómo entiende la vida sin competición. "Yo siempre creo que es muy importante tener objetivos en esta vida. Al menos a mí no me funciona levantarme cada día sin tener algo que hacer de responsabilidad." Es una declaración que dice mucho de su carácter: Nadal no sabe, o no quiere saber, lo que es un día completamente vacío. Necesita tener algo por lo que levantarse, algo que justifique el esfuerzo del día anterior y el del día siguiente.
Esa necesidad de estructura es una cuestión de filosofía. Para él, el ocio solo tiene valor cuando hay algo detrás que lo ha ganado. "Siempre el esforzarse para conseguir unos objetivos es lo que te da la felicidad. Si uno tiene todo sin necesidad de esforzarse, de alguna manera termina sin tener valor esos momentos de ocio". Es una reflexión que conecta directamente con lo que fue su carrera: décadas de sacrificio, de lesiones superadas, de títulos conseguidos a un precio físico y emocional que pocos deportistas han pagado con tanta constancia. Desde ese lugar, la idea de que el descanso vale más cuando se ha trabajado para merecerlo tiene una autoridad que no necesita más argumentos.
Quien lo tiene todo sin esforzarse, concluye Nadal, acaba sin apreciar lo que tiene. Su vida hora es su familia, la Rafa Nadal Academy, el gimnasio tres veces por semana y el trozo de chocolate: una forma de vivir en la que nada se da por supuesto y todo tiene un porqué.