Los partidos daneses compiten por la política migratoria más estricta
Desde hace dos décadas, Dinamarca ha puesto en marcha reformas que han convertido al país escandinavo en el Estado de la UE con la política migratoria y de asilo más dura. El camino lo inició en 2001 el primer ministro liberal Anders Fogh Rasmussen, pero le secundaron los Gobiernos socialdemócratas con los que la derecha se ha turnado en el poder.
La actual primera ministra socialdemócrata, Mette Frederiksen, ya avisó al convocar elecciones anticipadas que solo tiene dos exigencias innegociables en unas hipotéticas negociaciones de coalición: una política de seguridad y defensa robusta y una línea dura en inmigración.
Los socialdemócratas han presentado un plan de 18 puntos cuya propuesta más polémica es que los inmigrantes que amenacen o agredan a personal sanitario y reciban una condena, tendrán también una sanción temporal que los excluirá de recibir tratamiento sanitario no urgente gratuito, una idea que las asociaciones de médicos y enfermeras han criticado con dureza. «Es necesario que, además de la pena formal en el sistema judicial, digamos: no puedes estar aquí. No queremos financiar que alguien vaya al hospital de Hvidovre [municipio de las afueras de Copenhague] y se comporte de forma violenta con un empleado público», explicó.
La propia Frederiksen envió además una carta al Consejo de Europa –firmada con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, con quien ya se ha aliado con anterioridad– instando a preparar medidas ante una eventual crisis de refugiados por la guerra en Irán, para evitar que se repita lo ocurrido en 2015 por Siria.
Mientras, el Partido Liberal, principal fuerza del bloque de derecha, pero que gobernó con Frederiksen la pasada legislatura, ha sugerido que al conceder la ciudadanía danesa se establezca un período provisional de cinco años en el que pueda ser revocada si se cometen delitos sancionados con pena condicional de cárcel. La Alianza Liberal, que compite con la anterior por ser la más votada en la derecha, quiere frenar las solicitudes de asilo espontáneas y sacar a Dinamarca de la Convención de derechos humanos y refugiados de la ONU, en un contexto en el que Dinamarca recibió en 2025 a 876 refugiados, la cifra más baja en 40 años.
Las dos fuerzas xenófobas presentes en el Parlamento –el Partido Popular Danés (DF) y Demócratas de Dinamarca (DD)– no se han quedado atrás. El DD, la quinta fuerza parlamentaria, quiere acabar con las «sociedades musulmanas paralelas» con la prohibición de piscinas segregadas por sexo, las salas de oración en instituciones educativas o los velos en la escuela primaria, además de instalar cámaras de vigilancia que incluyan reconocimiento facial en barrios con altos índices de criminalidad y residentes con antecedentes penales. «El islam ocupa demasiado espacio en Dinamarca y muchos musulmanes eligen el Corán antes que la Constitución. Hay que acabar con eso», escribió en X la líder del partido, Inger Støjberg, condenada a dos meses de prisión hace años por ordenar la separación ilegal de parejas de refugiados durante su época como ministra de Integración.
El líder del DF, Morten Messerschmidt, cuyo partido sufrió un descalabro hace cuatro años pero al que los sondeos dan ahora buenos pronósticos, arrancó la campaña asegurando que solo apoyará a un gobierno que garantice «emigración neta» de musulmanes, es decir, que salgan más musulmanes de los que entran cada año al país, una idea que apoya el 53% de la población, según un sondeo del diario «Berlingske».