Régimen de consecuencias
Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Hace unas semanas hablaba con un buen amigo y, como solemos hacer los dominicanos, estábamos arreglando el mundo.
Surgió, como casi siempre, el tema de la anomia que nos azota y la causa en la cual casi todos vemos su origen: la ausencia de un régimen de consecuencias. Esto último entendido en sentido amplio y no sólo en el jurídico.
Esa hipótesis es tan correcta como común: es socialmente dañina la falta de relación directa entre los hechos y omisiones de las personas y cualquier tipo de consecuencias por éstos. Sin embargo, creo que parte de l problema es que sólo vemos una cara de esa moneda.
Asumimos que para que nuestro país mejore es necesario que todo el que haga las cosas mal pague un precio por su falta. Y sí, pero esto sólo apela al castigo como motor de las acciones humanas. Sin que sea una reducción al absurdo, puede decirse el resultado lógico de este razonamiento es decir que lo que hace falta es “mano dura”.
¿Pero y si no es así? Porque existe otra forma en la cual no tenemos un régimen de consecuencias: no hay beneficio ni directo ni indirecto a hacer las cosas bien.
La ausencia de recompensa puede ser más significativa que la ausencia de castigo. Lo veo muy claramente en el tránsito. Es cierto que cuando alguien cruza un semáforo en rojo lo hace porque siente que no será multado. Pero lo que más obstaculiza el fluido vehicular es quien no cede el paso.
Y aquí no entra el cálculo sobre la posibilidad de sanción, a menos que obstruya una intersección. El razonamiento es otro, y es perfectamente lógico. El conductor asume que si cede el paso llegará más tarde, porque habrá perdido la oportunidad de avanzar un poco y luego nadie le dejará pasar a él.
Como puede verse, ceder el paso tiene beneficios para quien lo hace sólo si los demás hacen lo mismo. No hay incentivo para actuar bien, y quien lo hace no recibe un beneficio posterior que incentive un acto positivo. Así las cosas, no se producen todos esos pequeños sacrificios individuales necesarios para que el colectivo opere bien.
Esta lógica trasciende al Derecho, ordena el comportamiento en sociedad. Para que todo mejore no basta con castigar a quien actúa mal, sino que también debemos premiar a quien lo hace bien.
La publicación Régimen de consecuencias apareció primero en El Día.